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Mehldau, como siempre, mejor en trío

Afortunadamente, en momentos de sobreabundancia de visitantes o en otros de agenda menos completa, el pianista norteamericano Brad Mehldau (Florida, 1970) ha venido unas cuantas veces a la Argentina. Y lo ha hecho para tocar de tres maneras: en solo piano, como discípulo de Keith Jarrett, acompañando a su esposa la cantante Fleurine (la menos interesante de todas sus versiones), o al frente de su trío clásico de piano, batería y contrabajo. Y posiblemente sea de este modo, con el sostén armónico del enorme Jerry Grenadier y el despliegue en los platos y los parches de Jorge Rossy, antes, y de Jeff Ballard desde 2005, que esté lo mejor de este músico que también fue parte alguna vez del grupo de Joshua Redman. Con el trío, Mehldau retoma una tradición jazzística que hace pie inevitablemente en Bill Evans, pero que deja también ver la herencia de figuras como Bud Powell, Thelonious Monk, Charlie Parker o John Coltrane pero también, más cercanamente, de su maestro Kenny Werner.
«Ode» es un álbum de composiciones originales, escritas por el pianista, concebidas sin sorpresas formales. En ese sentido, hasta podrían ser consideradas canciones si tuvieran un texto. Pero más allá de esa estructura más o menos conocida, lo interesante -como tantas veces en el jazz- ocurre aquí cuando Mehldau y sus compañeros se largan a improvisar. De eso, resultan «tracks» extensos, con mucho desarrollo, con virtuosismo y creatividad de los tres integrantes del grupo y la reafirmación de un pianista excelente que hace ya unos cuantos años ha dejado de ser una joven promesa.
Ricardo Salton


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