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Minujín y lo que dejó el Puyehue
Los frascos cargados con cenizas del volcán con los que Marta Minujín comenzó a gestar su obra e inspiró las de Lamelas, Katz y Zabala que ahora se exhiben, juntas, bajo el título «Cuatro».
Cabe aclarar que para Minujín el arte y la vida son una misma cosa indiferenciada. Así, ante la inexorable realidad de la naturaleza agredida, tomó cuatro frascos y una palita y con esas herramientas comenzó a gestar su obra. Primero cargó medio kilo de cenizas en cada frasco: el material serviría para la reflexión y también para la acción. Después fotografió ese paisaje lunar, las cenizas iban cubriendo un lugar casi intocado. Luego, en diciembre de 2011, les entregó los frascos a Lamelas, Katz y Zabala, para que utilizaran -al igual que ella misma- las cenizas como fuente de inspiración.
Hoy, el resultado es sobrecogedor.
Minujín presenta las fotografías y proyecta sobre los frascos una marea devastadora, las imágenes del volcán en erupción. Entretanto, con el poético título de «Un amor por cuatro naranjas», Katz parodia el título de Prokófiev. La obra pone en relieve el color, desafiando con su esplendor a la sombra que lo redujo y que está también presente. Zabala exhibe una obra de su serie «Hipótesis», y «traza el mapa conceptual de un pensamiento visual». Al ingresar a la sala se destacan los dos relojes de Lamelas que, sincronizados en distintas horas, llevan como título: «En este espacio dos personas no se encuentran». La obra, como aclara Daniel Molina en el texto de la muestra, es explícita, se refiere al tiempo, pero cuesta encontrar la relación con el tema candente de la exhibición. En suma, ante los cambios ópticos de un mundo que se transforma y autodestruye, la exposición deja a la vista cuatro expresiones diversas de cuatro talentosos artistas. (Libertad 1628).
A.M.Q.


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