- ámbito
- Edición Impresa
Natassja Kinski, ex “lolita” del cine, cumple 50 años
Descubierta a los 13 años por Wim Wenders, Nastassja Kinski fascinó a directores y fotógrafos (entre ellos el divo Richard Avedon que la retrató con una pitón). Hoy sólo se la ve en producciones para TV.
Su carrera, en realidad, había empezado tres años antes. Nastassja apareció en una escena de la serie de televisión alemana «Tatort: Reifezeugnis» en 1977 y causó sensación sobre todo con su imagen de «lolita».
La actriz nació en Berlín, pero vive desde hace años en Los Angeles. Es madre de tres hijos y se deja fotografiar regularmente en festivales de cine y actos benéficos. Todavía se la puede ver ante las cámaras, aunque ahora principalmente en producciones para televisión, pues hace ya mucho que no interpreta grandes papeles como los de antaño.
Estuvo a punto de participar en «Bastardos sin gloria», la revisión satírica de la Segunda Guerra Mundial de Quentin Tarantino, según contó entonces la revista «Variety». Pero al final el papel fue para Diane Kruger.
La carrera de Kinski empezó de forma prometedora. Wim Wenders la descubrió a los 13 años para su película «Movimiento falso» (Falsche Bewegung) de 1974, con guión del dramaturgo Peter Handke, donde hizo de chica muda.
Después de su aparición en la televisión en 1977, todo el mundo quería rodar con la belleza rubia. Con Marcello Mastroianni rodó «Tentación prohibida» (Così come sei), en 1979. Después llegó Roman Polanski con su drama de época «Tess», del mismo año, y Francis Ford Coppola con «Golpe al corazón» («One from the Heart»), 1982.
En el thriller erótico de Paul Schrader «La marca de la pantera» (Cat People), de 1982, Kinski se transformó en un bellísimo felino y colmó los deseos de todo el público; mientras que en la película de Peter Schamoni, «Sinfonía de Primavera» (Frühlingssinfonie), 1983, interpretó a la pianista enamorada de Robert Schumann, Clara Wieck.
A pesar de que ninguna de esas películas fue un éxito de taquilla, el encanto de Kinski no vino a menos. Para la prensa estadounidense no había palabra suficientemente elogiosa, la compararon con Ingrid Bergman, con la Garbo o con Audrey Hepburn. Algunos semanarios vieron el secreto de su éxito en una «mezcla de sex-appeal, inteligencia y misticismo femenino». Kinski llegó incluso a dejarse fotografiar completamente desnuda por la gran estrella de la fotografía Richard Avedon, que le colocó una serpiente pitón encima. Era el momento en el que estaba en todas las portadas y titulares. Sin embargo, probablemente uno de sus mejores y más celebrados papeles lo interpretó en la película de Wenders «París-Texas», de 1984. El mismo año, trabajó a las órdenes de Andrei Konchalovsky en «Los amores de María», y de Tony Richardson en «Secretos de hotel» Entonces, en el punto cumbre de su carrera, trajo a su primer hijo al mundo. Aljosha nació en Roma y Kinski se casó poco después en Nueva York con el productor egipcio Ibrahim Moussa. «Ahora mi familia es lo primero», dijo entonces.
La pareja tuvo una niña dos años después y se separaron en 1992. Kinski obtuvo la custodia de los dos hijos y volvió a descubrir el amor al conocer a Quincy Jones, el famoso productor de música, bastante mayor que ella. Seis años pasó la actriz al lado de Jones, con el que tuvo una tercera hija ahora de 17 años.
Pero en todo este tiempo, cada dos años, más o menos, Hollywood le hacía una oferta de trabajo. En 1994, compartió cartel con Charlie Sheen en «Caída libre» (Terminal Velocity); pero, antes, en 1990, trabajó para los hermanos Vittorio y Paolo Taviani en «El sol también sale de noche». En 1997, participó en el film de Mike Figgis «Pasión de una noche» (One Night Stand), junto a Wesley Snipes, y en 2001 compartió cartel con Warren Beatty en la comedia «Town & Country».
Uno de los aspectos más duros de su vida fue, sin duda, la relación con su padre. Diez años después de la muerte de Klaus Kinski, Nastassja rompió el silencio y lo criticó duramente: «No veo en él tanta genialidad, sino solo obsesión por sí mismo», afirmó en 2001 para la revista alemana «Focus». «Peculiar megalomanía y un egocentrismo pétreo», añadió para describirlo, resaltando que su padre se ocupaba más de otras cosas que de ella y de su madre. «He pensado alguna vez cambiarme el apellido al darme cuanta de que no puedo deshacerme de él», agregó.
Agencia DPA


Dejá tu comentario