Entre otras cosas, la inconsistente recreación de "Doña Flor y sus dos maridos" soslaya la sensualidad de la protagonista (una desperdiciada Emme) e introduce personajes alegóricos que no vienen al caso.
«Doña Flor y sus dos maridos» de J. Amado. Libro y letras: L.Gazzia. Dir.: D. Estévez. Dirección: Daniel Fernández. Int.: Emme, M.Habud, M.Mazzarello, M.C. César y elenco. Coreog.: D.Fernández. Mús.Orig.: E. Blacher. Esc.: R.Pozzoli. Vest.: A.Miranda. Ilum.: A. Greblo. (Teatro Broadway).
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Ni el texto de Jorge Amado, ni la figura de su autor (convertido ahora en un narrador caprichoso, de improbable talento literario y con un evidente desconocimiento de la cultura bahiana) encuentran lugar en esta inconsistente recreación de «Doña Flor y sus dos maridos» que, además de soslayar la sensualidad de su heroína, recurre a personajes supuestamente alegóricos en lugar de ocuparse del dilema conyugal de esta atractiva viuda.
Doña Flor deambula por el escenario como pidiendo permiso. Su único anclaje son las clases de cocina que imparte con escasa convicción. Vestida sin gracia (la lencería tampoco ayuda), olvidada por el director y siempre circunscripta a su rol de cantante, Emme ocupa un papel muy secundario en este musical; cuando no debería ser así, dado su buen desempeño en «Rita la salvaje» y «Mujeres bonitas».
Los pasos de comedia han quedado en manos de María Concepción César (la madre de Flor) y de Marcelo Mazzarello (el marido farmacéutico). Ambos apuestan a su carisma escénico para salvar situaciones que resultan más propias de un sketch televisivo.
Miguel Habud, en el rol de Vadinho, recuerda al Carlín Calvo de «Amigos son los amigos» (la misma picardía sobradora). Pero del irresistible seductor que vuelve del más allá para satisfacer sexualmente a su viuda ha quedado muy poco. Ni siquiera conserva su ímpetu dionisíaco, ya que tanto «la muerte» (Leandro Gazzia) -el único personaje que muestra las ligas al estilo «Rocky Horror Show»- como «el autor» (Javier Teves) se ocupan de criticar su conducta con una moralina que no viene al caso.
Casi no hay desnudos (sólo una orgía grupal envuelta en un largo paño rojo), mientras que la música y la coreografía no siguen una línea definida. Por ahí se escuchan unos acordes que recuerdan al Bolerode Ravel, otros a Pink Floyd, y también se incluye un cuadro de comparsa bahiana, el único rasgo «brasileiro» de todo el espectáculo.
Esta nueva aproximación al mundo de Amado, de rimas elementales («Vadinho, Vadinho, un hombre con mente de niño») y situaciones desdibujadas invita a acercarse al video club más cercano, al menos para conocer las deliciosas interpretaciones de la ex sex symbol brasileña Sonia Braga y del excelente José Wilker en la película de Bruno Barreto. Sin olvidar, claro está, el delicioso tema de Chico Buarque, «O que será», en su versión original.
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