28 de marzo 2012 - 00:00

“Nouvelle” que atrapa como una buena película

“Nouvelle” que atrapa como una buena película
Alfred Hayes, «Que el mundo me conozca» (Bs.As., La Bestia Equilátera, 2012, 155 págs.) 

Un guionista de Hollywood ve en un fiesta que una chica con un vaso de gin en su mano, entre divertida y borracha, entra a las aguas del Pacífico, Es un episodio más del frívolo mundo del show business, pero la chica se hunde en las aguas y ya no reaparece, y el hombre gritando corre a salvarla. Eso crea la inesperada relación entre ellos. Ella es una veinteañera, una de esas chicas que escapan de una ciudad pequeña y distante, de un lugarcito de San Diego, para hacer carrera en la ciudad de Los Angeles, soñando transformarse en estrella, para que a través de la pantalla grande «el mundo la conozca». Pero como suele ocurrir en el noventa y ocho por ciento de los casos, por lo menos, su ruta es irrefrenablemente hacia el fracaso.

El protagonista, el narrador, es un guionista -como lo ha sido durante la mayor parte de su vida el autor de esta apasionante nouvelle- que se dedica en ese momento a retorcer guiones (Alfred Hayes corrigió diálogos de guiones para John Huston, entre otros). Tiene 37 años. su mujer vive en Nueva York de donde él viajo llamado para trabajar una temporada en «Los Estudios» de cine. Y ahí, solitario, en un cuarto alquilado, mal decorado por una chica cursi que escapó a Europa de un amor fracasado, va a pasar de salvar a encariñarse y hasta enamorarse de esa chica que intenta ser actriz, que al comienzo le parece hasta fea, y poco a poco se le aparece cada vez más joven y bella, para juntos tener tambien una pasión fracasada que nunca llega a ser pasión.

Alfred Hayes ofrece otra de sus pequeñas grandes historias del encuentro dramático de seres fracasados, que sólo puede ser comparada con una película de las que escribían guionistas que eran grandes novelistas, de Scott

Fitzgerald
a Dalton Trumbo, de Faulkner a Hammett, de Raymond Chandler al mismo Alfred Hayes, que como Chandler era un inglés que se convirtió en modelo del espíritu estadounidense.

Hayes, después de ser soldado en la Segunda Guerra Mundial, comenzó trabajando en Italia como guionista con Rossellini en «Paisa» y con De Sica en «Ladrones de bicicletas», y cuando pasó a Los Angeles colaboró desde la escritura de los libros cinematográficos con Fritz Lang, Nicholas Ray, Edward Dmytryck, Fred Zinemmann, entre muchos otros, y en la última etapa de su vida pasó a crear series de televisión como «Nero Wolfe» o «Mannix».

Esta novela se lee sin parar como si fuera un film, un film amargo, de esos que sirven para comentarse cuando terminan, Crece página a página y alcanza sus momentos dramáticamente más sublimes hacia la mitad del libro cuando la chica cuenta sus fantasías paranoides de cómo los dueños de los estudios de cine están monitoreando su vida para saber si ella es moralmente buena y puede ser un modelo para encumbrar y servir a la gente. Y el final, que sólo se permitiría hoy, acaso, llevar a la pantalla alguien como Clint Eastwood, es de un formidable rigor, y un espléndido cinismo. Hayes es un autor imperdible en la tradición de la mejor narrativa realista estadounidense.

M.S.

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