28 de octubre 2011 - 00:00

Oportunidad para girar

El inmenso triunfo electoral del Gobierno le abre la oportunidad, bastante excepcional, de introducir algunas correcciones necesarias en el rumbo de la economía, preservando el proceso de crecimiento.

El problema más urgente es el deterioro en las cuentas externas. Este deterioro tiene varias causas. La primera es la reducción del saldo comercial externo que en 2010 fue de algo menos de u$s 12.000 millones, este año llegará a los u$s 9.000 millones y el año próximo, a algo más de la mitad de esa cifra. La segunda es la insuficiencia del superávit fiscal para «comprarle» al Banco Central las divisas necesarias para el pago de la deuda externa y el consiguiente uso de las reservas internacionales para ese fin. La tercera es la débil corriente de inversión externa que recibe la economía argentina.

Explicaciones

El saldo positivo del comercio exterior ha sido, a lo largo de los últimos años, la principal fuente de ingreso de divisas de la Argentina. Su deterioro obedece al menor impulso de las exportaciones y, en especial, a un aumento extraordinario de las importaciones. Detrás de ambos fenómenos hay varias explicaciones, pero sin duda una se destaca sobre el resto: la pérdida de competitividad de nuestra producción debido a la erosión del tipo de cambio real por la elevada inflación.

La intensa salida de capitales de este año responde, a su vez, tanto a la percepción de este deterioro como a factores de incertidumbre externa e interna. La culminación de la etapa electoral eventualmente despeja esta última, pero poco incidirá sobre las dos primeras cuestiones.

El tipo de cambio se está «atrasando» y ése es un hecho objetivo de la economía que es percibido por el público, en especial desde que Brasil inició su política de recuperación de la competitividad cambiaria. A su vez, la huida de los ahorristas hacia el dólar a raíz de la crisis internacional no ocurre sólo en la Argentina y tiene un derrotero imprevisible.

A medida que el Gobierno se va «atrincherando» en el tipo de cambio, se enfrasca en una batalla inútil, al costo de vender artificialmente baratas las reservas internacionales.

Lógicamente, el principal argumento para mantener contenido el tipo de cambio es la elevada inflación, lo que sin duda complica el diseño de una nueva política económica, pero no debería transformarse en un obstáculo insalvable. De lo contrario, inevitablemente, se transformará un problema -la inflación- en dos -inflación y atraso cambiario.

La demora en corregir este tipo de distorsiones nos dio en el pasado la hiperinflación de la década de 1980 y el colapso de la convertibilidad en 2001. Los respectivos gobiernos se debilitaron poniendo sucesivos parches a situaciones que requerían soluciones de fondo.

Un Gobierno fuerte políticamente y un problema ampliamente manejable son una combinación novedosa que debería permitir alejar la amenaza de una crisis en el sector externo de la economía.

La Argentina será verdaderamente un país normal cuando pueda administrar sin sobresaltos la relación entre la moneda nacional y el dólar. Un trauma detrás del cual se esconden desequilibrios estructurales que exceden los alcances de esta nota.

(*) Director de Finsoport, Consultores Económicos.

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