10 de octubre 2011 - 00:00

Por qué un plan estratégico industrial para el año 2020

Débora Giorgi
Débora Giorgi
La industrialización es el único camino para lograr el desarrollo con inclusión, como lo muestra el hecho de que los países hoy considerados desarrollados han recorrido los mismos pasos que hoy estamos recorriendo nosotros, para alcanzar sus actuales niveles de bienestar. La Argentina, en los 30 años anteriores a 2003, registró, a la inversa, un industricidio. Las consecuencias las conocemos: más desempleo, más pobreza, más concentración del ingreso en unos pocos, fueron algunos de los efectos generados por crisis cambiarias y financieras recurrentes que se hicieron cada vez más fuertes por la dependencia de la cíclica exportación de commodities agrícolas, y por la creciente dependencia del endeudamiento externo para suplir la falta de los recursos fiscales y externos que genera la producción con valor agregado.

En la nueva configuración mundial que emerge a partir de 2008 cambia el eje de crecimiento mundial, de los países desarrollados a los emergentes. Esta nueva realidad refleja cómo la desindustrialización de los países desarrollados, generada por la tercerización de sus manufacturas hacia los emergentes, fue buena para las multinacionales globalizadas, pero no para las sociedades de estas naciones.

Este Gobierno ha definido un Plan Industrial para 2020: para consolidar el proceso de reindustrialización iniciado en 2003, con una definición amplia de industria que incluye el campo más las actividades de transformación; el mercado interno más las exportaciones; el Estado que planifica y ordena la actividad económica más el mercado que genera negocios productivos. Un plan industrial que señala el camino para el desarrollo con inclusión.

El proceso de reindustrialización que emprendimos en 2003 ha sido una reconstrucción genuina y competitiva de la industria nacional; una industria que gana competitividad y que exporta, y que, al contrario de lo que señalan los críticos, se ha logrado en una economía abierta: el índice de apertura (exportaciones más importaciones como porcentaje del PBI), que era de sólo el 17% en los 90, es hoy del 33,8%.

El mandato de la Presidenta fue que el plan debía ser el resultado de un proceso participativo y federal. Elegimos 11 cadenas de valor, que representan un 80% del PBI industrial, y para cada una hicimos un foro al que convocamos a representantes de todos los actores de cada cadena. Esos 11 foros nos permitieron llegar tanto a nueve acuerdos básicos, que son las líneas estratégicas generales sobre los cuales debemos continuar trabajando.

El plan ofrece la visión que tenemos, compartida con todos los actores, de cuál puede ser el perfil de cada cadena a 2020, si realizamos hoy las acciones adecuadas. Por eso hemos ido desde lo sectorial y lo regional para validar las metas agregadas, y por eso podemos afirmar que la industria de 2020 ya empieza a construirse hoy.

Así, definimos las siguientes metas generales: 

  • Inversión: pasar del 24% al 28% del PBI. Hoy tenemos la tasa de inversión más alta del Mercosur; somos el 2o país de América Latina con mayor crecimiento de la inversión (I Trimestre 2011). 

  • Duplicar el PBI industrial: llegar a u$s 140.000 millones.  

  • Crear empleo: 1.500.000 nuevos puestos de trabajo en la industria; reducir el desempleo al 5%. 

  • Sustituir importaciones por el equivalente al 45% de lo importado hoy (importaciones: u$s 139.000 millones; exportaciones: u$s 167.000 millones. Superávit comercial: u$s 28.000 millones).

    El primer acuerdo al que se llegó, y creo que el más relevante, fue que es necesario un Estado presente. Hemos dado por tierra con años de falaces discusiones, Estado vs. mercado. Hoy, sabemos que no hay nadie en la Argentina ni en el mundo que piense que el Estado puede estar ausente en una política de crecimiento. El segundo acuerdo es sobre la necesidad de un mercado interno pujante, que se construye a base de políticas de ingresos progresivas.

    Nuestro modelo tuvo desde 2003 dos premisas básicas: la demanda genera su propia oferta, y ésta, a su vez, implica inversión y empleo. Esto es un cambio total con las políticas neoliberales, que daban a la oferta el papel de dinamizador del crecimiento: la oferta llega donde ve que hay negocio, y eso deja de lado a sectores y regiones, que sin un Estado presente son excluidos del crecimiento. Pero ese mercado pujante debe ser defendido de la competencia desleal. Queremos más producto argentino para satisfacer la demanda de los argentinos; y eso es más trabajo argentino para satisfacer nuestras necesidades.

    La sustitución de importaciones es una política industrial que además de fortalecer la industria local engendra el salto exportador.

    ¿Qué significa «industrializar la ruralidad» y «federalizar la industrialización»? Es un concepto central de nuestra política industrial que implica equilibrar la distribución del ingreso en su dimensión regional, es decir, incorporar el país profundo al proceso de industrialización, a partir de generar valor en origen. Ese fue también un acuerdo de todos los actores.

    Debemos también diversificar nuestros destinos de exportación y tener claro que la Unasur tiene importaciones de valor agregado de extrazona por u$s 457.500 millones. Eso representa un formidable mercado potencial de importaciones a sustituir. Al mismo tiempo debemos redoblar nuestros esfuerzos de exportación a mercados no tradicionales. Recordemos que ya el 20% de nuestras exportaciones se dirige a mercados como Oriente Medio, Egipto, el Magreb, el sudeste asiático.


  • Por último, debemos buscar los nichos de exportación de alta gama en países desarrollados, como los vinos (ya somos el 4º exportador a EE.UU., por arriba de Chile), los vehículos y autopartes a Europa; son ejemplos de que podemos avanzar en esos mercados tan exigentes. Todavía podemos crecer mucho en alimentos gourmet, productos frescos, software, calzado y confecciones, autos y autopartes, sembradoras. Esas son las metas que debemos imponernos.

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