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Putin, el señor de la guerra, ¿también será el de la paz?
En Moscú, la televisión pública también muestra videos de francotiradores en acción, sin precisar no obstante donde fueron desplegados.
Además de su impacto decisivo en los combates contra los rebeldes, la presencia de aviones, buques de guerra ante las costas sirias y de baterías antiaéreas brindó otra ventaja al ejército de Asad.
Para el Kremlin, la caída de los rebeldes en Alepo puede resumirse en una fórmula: se trata de la coronación de la primera intervención militar rusa fuera de sus fronteras desde el desastre de la experiencia afgana (1979-1989).
Pero, sobre todo, Putin aparece más que nunca como el personaje clave, el gran dominador en un conflicto regional cuya onda expansiva tiene repercusiones a nivel mundial, en el que se entrecruzan la lucha de influencias entre iraníes y sauditas, musulmanes chiitas y sunitas, y con la crisis de los migrantes en Europa como telón de fondo.
Señal de que estadounidenses y europeos dieron un paso al costado es que Putin discutiera directamente con su homólogo turco, Recep Erdogan, la evacuación de los últimos civiles y rebeldes de Alepo. "El objetivo primero de la intervención era forzar a los occidentales a hablar con Putin" tras el aislamiento provocado por la crisis ucraniana, estima el experto militar independiente Alexandre Golts. "El problema es que se volvió al punto de partida tras recorrer un círculo completo. Rusia está ahora aislada a causa de su victoria en Siria", advierte.
En momentos en que Damasco y su protector se preparan para celebrar el fin inminente de los rebeldes de Alepo, una mala noticia llegaba desde la antigua ciudad de Palmira, retomada como si fueran un relámpago por los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI). La suerte de Palmira -incluso aunque la ciudad no es comparable en tamaño, población y posición geográfica respecto a Alepo- ilustra la capacidad limitada del ejército sirio y el desafío que tiene por delante el Kremlin.
"El control de una gran ciudad como Alepo necesita de un importante contingente militar sirio, así como de un apoyo ruso permanente", recuerda Malachenko. Además, la ausencia de conversaciones con los rebeldes complica cualquier esperanza de una paz negociada en Alepo, así como en otras partes de Siria.
Y, después de un año demostrando su capacidad como jefe de guerra, lo más duro para Putin ahora será convertirse en artífice de paz. Una parte de la respuesta la darán las relaciones que mantenga a partir del próximo 20 de enero con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.
| Agencia AFP |


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