Revisionismo en arte

Edición Impresa

El cocktail de despedida del ciclo Estrategias del Coleccionismo, en el Palacio Duhau, tuvo como escenario la bellísima muestra de Juan Andrés Videla y uno de los temas obligados de conversación fueron las lecturas recientes. «Coleccionismo artístico en Buenos Aires, del Virreinato al Centenario», de Marcelo Pacheco, es un libro cuya lectura resulta insoslayable, ya que reúne la más completa información y documentación sobre el tema. Pacheco corrige errores históricos y deja al descubierto los verdaderos perfiles de algunos personajes notables, como el del primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, Eduardo Schiaffino. La investigación revisa la relación con Guerrico, «donante fundador del Museo», a quien Schiaffino debía dinero porque «sus gastos excedían sus ingresos». Lo cierto es que el coleccionista estuvo ausente durante décadas de los documentos, citas y papeles del Museo. Desde hoy, para mencionar a Schiaffino y la historia de nuestras colecciones, hay que leer a Pacheco.

Para facilitar el trabajo y contribuir al rigor histórico, a la Fundación Espigas, institución pionera con su Centro de Documentación para la Historia de las Artes Visuales en la Argentina (www.espigas.org.ar), se sumó este año el poderosamente rico Museo de Bellas Artes de Houston y creó el ICAA (Centro Internacional de Investigación para el Arte de las Américas), herramienta crucial y gratuita para realizar exposiciones, formar colecciones y consultas (www.icaadocs.mfah.org).

Entretanto, la ciudad de Rosario siempre ha llevado la delantera con sus artistas e intelectuales y también se ha puesto al día con la investigación. En la actualidad, el historiador Pablo Montini acaba de terminar con «la gran paradoja del Museo Histórico, un museo de historia que no ha podido investigar ni reflexionar sobre su propia historia». El primer volumen de «Anales del Museo Histórico Provincial de Rosario», viene a saldar una deuda, pero además su lectura resulta reveladora sobre una sociedad atípica. «Deberíamos preguntarnos por qué a finales de la década del treinta se erige un museo histórico en Rosario y por qué en esta ciudad desprovista de un pasado colonial ese museo aunaba en sus colecciones el pasado americano con el nacimiento de la nación argentina», cuestiona Montini, coordinador de la publicación. Especialista en la historia del coleccionismo público y privado, Montini investigó el papel de Ángel Guido en la conformación de la colección de pintura hispanoamericana colonial del museo, a comienzos del siglo XX e influenciado por las ideas de Ricardo Rojas. En ese contexto, Alfredo Guido sostenía que la ciudad debía realizar «el sueño de Eurindia», en alusión a la obra de Rojas que sirvió de programa cultural al grupo rosarino. De este modo, en una ciudad portuaria y cosmopolita, nació un Museo destinado a resguardar los tesoros de América del siglo XVIII.

A.M.Q.

Dejá tu comentario