4 de enero 2012 - 00:00

Sacks: mucho más que casos clínicos

Sacks: mucho más que casos clínicos
Oliver Sacks, «Los ojos de la mente» (Bs.As., Anagrama, 2011, 287 págs.)

Es difícil precisar qué nos atrae y conmueve en las historias de enfermos que cuenta el neurólogo Oliver Sacks. Podría ser la intriga que lleva a querer saber qué le sucederá a esa persona que a pesar de estar cada vez peor mantiene su vitalidad, refuerza su identidad. O que nos descubre una victoria lateral, personal, sobre padecimientos que no dejan de agravarse. Que llena de esperanzas al mostrarnos que una discapacidad estimula una nueva habilidad y nos dice que si bien seguimos siendo mortales cada vez contamos con más recursos para vivir más y mejor, aún cargando dolencias.

Hace cuarenta años que, mientras la medicina avanza poderosa y maravillosamente gracias a la tecnología, Sacks se dedica a humanizarla contando deslumbrantes casos clínicos. Con excesiva humildad sostiene a que tal vez eso se deba a que nació entre médicos. «Mi padre y mis hermanos eran médicos de cabecera y mi madre cirujana. En la mesa familiar se contaba de los pacientes y los casos se convertían en biografías, en las historias de vida de la gente al verse afectada por una enfermedad o por una lesión, por estrés o por alguna desgracia. A lo mejor resultó inevitable que yo acabara siendo médico y narrador».

Acaso ese ámbito lo llevó a ver a la medicina no como una disciplina sino como un apostolado laico, al saber que cada paciente es único y que nunca se acaba de explorar al ser humano. Pero a ese catecismo hipocrático, Sacks supo sumarle una enorme cultura, una extraordinaria calidad narrativa y grandes dosis de sensibilidad fraterna. Por eso su lectura cautiva, entretiene y adoctrina. En este nuevo libro reitera todos esos atributos, y acaso más profundamente aún porque uno de los casos que relata es el suyo, donde confiesa su pánico al saber que tenía cáncer en el ojo derecho, que perdería una parte de la visión, que él, propulsor de las imágenes 3D, vería todo plano, como en una foto.

«Los ojos de la mente» muestra que, como dice una mujer que se ha vuelto progresivamente ciega, «la gente que cree que ve con los ojos, ve muy poco». Vemos con el cerebro, y las patologías cerebrales muestran eso. Y que contamos con «formas de ver» alternativas, a través de otros sentidos. Sacks cuenta, entre otras conmovedoras historias, la de una pianista, concertista y profesora de música, que pierde la capacidad de leer las partituras y ese problema va empeorando, y sin embargo va hallando formas compensatorias para seguir viviendo y actuando. Habla de un escritor de novelas policiales que deja de poder leer y sin embargo encuentra la forma de seguir escribiendo. De una galerista que tras la muerte de su marido sufre un accidente cerebro vascular que le paraliza medio cuerpo y la deja sin palabras, y de pronto se ve «devuelta a la vida» por otros modos de expresarse.

El genio de Sacks hace que cada caso clínico sea la base para una charla arborescente donde puede remontarse a los grandes investigadores médicos, y pasar de Haydn a Borges, de Darwin a Wittgenstein, para volver a lo que sucedió con su paciente. En los últimos veinte años se ha sabido más del cerebro que nunca antes, lo viene mostrando por TV el neurólogo argentino Facundo Manes en el ciclo «Los enigmas del cerebro». Haber acercado a esos nuevos saberes, haber mostrado las infinitas capacidades humanas frente a las desgracias, la plasticidad del cerebro, es una deuda que tiene nuestro tiempo con el admirable doctor Oliver Sacks.

M.S.

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