24 de agosto 2016 - 00:00

Salas Subirat, autor de la hazaña que intimidó a Borges

En “El traductor del Ulises”, Petersen cuenta la vida del vendedor de seguros que se atrevió a traducir al castellano la emblemática novela, al tiempo que ofrece una nueva visión de la cultura argentina.

Petersen. “Para Salas Subirat leer el “Ulises” era una conquista, Y como no tenía el inglés suficiente para leerlo decidió traducírselo”. Foto: Diego Kovacic.
Petersen. “Para Salas Subirat leer el “Ulises” era una conquista, Y como no tenía el inglés suficiente para leerlo decidió traducírselo”. Foto: Diego Kovacic.
El "Ulises" de James Joyce cumbre de la narrativa del siglo XX, que muchos veían como intraducible, tuvo en 1945 su primera versión en castellano, firmada por José Salas Subirat. El misterio era cómo un empleado de una compañía de seguros, autodidacta, sin demasiados conocimientos de inglés, lo había logrado. Lucas Petersen, periodista y licenciado en Ciencias de la Comunicación, usa su deslumbrante investigación "El traductor del Ulises", que publicó Sudamericana, para ofrecer, a partir del descubrimiento de la vida de Salas Subirat, una nueva visión de la cultura argentina.

Periodista: Para unos Salas Subirat es un desconocido, para otros un agente de seguros que escribía libros de marketing y autoayuda, y para la gente de la cultura la intriga de quién era ese argentino que se atrevió a traducir por primera vez en castellano el "Ulises" de James Joyce, la novela emblemática del siglo XX.

Lucas Petersen:
Más allá de lo extraordinario de Salas Subirat, por su complejidad, por sus contradicciones, me llevó a investigarlo, saber por qué se decidió a traducir el "Ulises", por qué en muchos aspectos lo hizo bien y en muchos aspectos lo hizo mal. Era un autodidacta modélico. Terminó la escuela primaria a los 23 años. Tuvo que dejarla como muchos hijos de inmigrantes de principios de siglo XX, para trabajar como peón, dependiente en una zapatería, cadete en una librería y editorial comercial. Dejó la escuela pero se siguió formando. Como todo autodidacta, que no ha tenido una orientación clara, leía lo que se le cruzara. En la ambición de ir superándose, su horizonte máximo era el "Ulises" de Joyce, la novela de referencia y debate. Libro del que Borges sólo se había atrevido a traducir dos páginas en 1923, un año después de su aparición, más como la aplicación de una teoría de la traducción que por el interés de develar un texto. En esas dos páginas hay más Borges que Joyce. Para Salas Subirat leer el "Ulises" era una conquista, pero también en el inglés era autodidacta. Y como no tenía el inglés suficiente para leer ese libro tan complejo decidió traducírselo. Eso le llevó años. En el capítulo "El accidentado camino hacia la anécdota" planteó que para el nivel de inglés que tenía la primera barrera para poder traducir era conocer con claridad el argumento para poder detenerse en la prosa, en la función estética de las palabras.

P.: ¿Cómo llega Salas Subirat a ver publicada su laboriosa traducción del "Ulises"?

L.P.:
El hijo de editor Santiago Rueda sostiene que su padre lo contrató para que hiciera la traducción porque nadie se animaba a hacerla. A través de un vínculo que tenía con gente de la compañía de seguros La Continental (donde también trabajaba Augusto Roa Bastos) apareció Salas Subirat, que le dijo: yo la hago. Eso es desmentido con el mito en el mundo literario, con la tradición oral de su familia, y las declaraciones periodísticas que hiciera Salas Subirat, que dan a entender que se lanzó a traducir el"Ulises" para él mismo, que en algún momento tomó contacto con Rueda. Rueda decidió dar el batacazo, no estaba en castellano y dijo: es lo que hay, vamos con esto. Yo me inclino más por eso, no porque Rueda lo contrató.

P.: Usted utiliza un personaje marginal como Salas Subirat para hacer una reflexión sobre una etapa crucial de la cultura argentina.

L.P.:
Uno está habituado a pensar la historia del arte, de las letras, a través de los grandes giros, de los grandes creadores, de las innovaciones. Si uno evaluara cuánta influencia tienen los grandes artistas, y cuánta los artistas menores, tengo mis dudas si los intrascendentes, los que hacen a la ebullición de la cultura, no son más importantes que los grandes. Lo que pasa es que son muchos y anónimos. Esto no impide comprender por qué los grandes son grandes. Desde los márgenes Salas Subirat permite descubrir la cultura argentina, que está hecha por artistas menores, medianos y los que serán grandes. En la contemporaneidad, cuando todos tenían veintipico de años se mezclaban Salas Subirat, Borges, Arlt, Marechal, Mariani o Luis Emilio Soto, injustamente olvidado. En la segunda década del siglo XX Borges ya era un poeta destacado y Arlt un distinto. En ese momento la distancia entre las novelas de Arlt y las de Salas Subirat no era tan abismal como lo reconocemos hoy. La primera novela de Salas Subirat "La ruta del miraje", de 1924, era francamente mala; la segunda, "Pasos en la sombra", de 1926, tiene pasajes interesantes por estar ambientada en la Semana Trágica, pero hoy es difícil de leer porque se la percibe vieja. Salas Subirat, busca ser un hombre de la cultura, atraviesa los movimientos de vanguardia de Buenos Aires de los años veinte, la revista "Martín Fierro", los grupos de Florida y Boedo. Eligió ser un boedísta excéntrico, marginal, más individualista que sus viejos compañeros, no tan radical en sus posiciones políticas, pero consecuente y convencido. Luego de las dos novelas y un ensayo sobre Marinetti y otro sobre Beethoven, escribe algunas notas periodísticas, cuentos, tres libros de poesía, traduce biografías de grandes músicos, libros infantiles, el "Ulises", libros sobre el seguro y sobre superación personal. Va abordando técnicas, géneros y después los abandona (salvo los libros sobre el seguro, donde une lo comercial y lo profesional). Lo que lo entusiasmaba era el desafío, cuando evoluciona, cuando le encuentra la mano, cuando se siente novelista o poeta, deja de interesarle el tema. Lo que le importaba sobre todo era vivir bien, haber logrado una familia pequeñoburguesa acomodada de las afueras de la ciudad.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora? ¿Se pasará a la ficción?

L.P.:
No escribo ficción por el momento. Escribir ficción me parece que es un movimiento creativo exnihilo que no siento en este momento. Estoy empezando a explorar un proyecto que es una serie de biografías cortas, pero no quiero anticipar demasiado porque estoy en plena exploración.

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