17 de octubre 2011 - 00:00

Se afianza el rally del alivio

Tiene la potencia del avance a contrapierna; la energía del resorte que, desairando los pronósticos, se libera del peso enorme que lo oprime. Así, el vuelo de las Bolsas dibuja un trazo rasante. Aunque los riesgos no se hayan movido de su lugar, las expectativas cambiaron de cuajo y los mercados quieren (y necesitan) creer. No hay pareja que se entienda mejor que el hambre y las ganas de comer. Dos propulsores alimentan la suba: la recesión de los EE.UU. que no fue y la debacle europea que también faltó a la cita. Es, qué duda cabe, un rally de alivio por partida doble. Y se derrama todo a lo ancho del espectro de activos de riesgo a pesar de que no se puede asegurar a ciencia cierta que la recesión y la debacle financiera no estén todavía en camino y sólo se hayan demorado.

La recesión de los EE.UU. parecía un hecho inexorable, de la misma manera mecánica que se descuenta la noche cuando la tarde arriba puntual. Las Bolsas se resistieron a acreditarla, pero todas tiraron la toalla con el sofocón brutal con que las recibió octubre. La tozudez del Dow Jones Industrial -el único índice importante que no se mojó los pies en el territorio de los osos- fue la excepción. Como se dijo, el rally abrevó en esa desorientación del rebaño. La economía no se replegó ante la avalancha de contratiempos. Obra ya una colección de indicadores que confirma la intuición del Dow Jones. Si se toma a valor facial la información reciente, el futuro es más promisorio todavía: se nota allí una recuperación que tomó cuerpo en agosto y septiembre. Y no refleja el repunte aislado de una única actividad. La mejoría es amplia. Ya, en su momento, la consignó el esquivo mercado de trabajo. La semana última fue el turno de las ventas minoristas que crecieron, el mes pasado, un robusto 1,1% (tras revisar al alza las cifras de julio y agosto). La confianza del consumidor está lesionada, pero la venta de automóviles, en septiembre, se disparó el 3,6%. Si un mes atrás, un escenario de estancamiento era un pronóstico optimista, hoy puede alegarse -sin tener que echar a volar la imaginación- que la economía se las arregló para crecer el 2% en el traumático tercer trimestre. Créase o no, un escalón por encima de lo que registró en la primera mitad del año.

Dividendos

Si la economía va a zafar de la encerrona, la valuación de las acciones resulta muy atractiva. A un múltiplo de 12 veces las utilidades que se proyectan para todo 2012 no hay aquí síntoma alguno de burbuja (y sí una corriente de dividendos que no tiene nada que envidiar al rendimiento corriente de un bono del Tesoro a diez años mientras preserva sin restricciones el potencial de embolsar ganancias de capital). Si no hay exabruptos, la estacionalidad podrá convertirse en otra carta favorable. La tentación de empalmar el rally de alivio con el consabido raid de fin de año será difícil de rechazar en un mundo de tasas microscópicas.

Quitar la acechanza de una recesión inminente ayudó a levantar vuelo, pero más, mucho más, Merkel y Sarkozy cuando depusieron sus reparos y prometieron por fin la recapitalización de los bancos de Europa. Nadie les pidió precisiones. Bastó con su palabra al borde del acantilado. El filo del abismo la tornó creíble. Como si los problemas del Viejo Continente fueran graves, pero, de todos ellos, el más temible, de lejos, fuese la incapacidad de reconocerlos y darles la batalla adecuada. La contribución de Merkel y Sarkozy consistió en ocupar el vacío de liderazgo que una situación gaseosa y en franco deterioro -y el secretario del Tesoro, Tim Geithner- pedían a gritos. La buena noticia no es que Europa haya resuelto sus tribulaciones profundas; es corroborar que si se compromete a afrontarlas sin dogma y con sensatez, goza aún de crédito como para preparar la maniobra y poder dictar sus tiempos. En ese sentido, el rally en curso es un generoso avance a cuenta, que no puede desconocer las dificultades, pero que sí puede hacerlas de lado si la Unión Europea, a su vez, elige no suicidarse.

De los dos motores que impulsan la suba, Europa es el que más importa porque si tose, o se apaga, no se sostendrá el otro. No es que sea una pura promesa: su plataforma básica se diseñó en la cumbre del 21 de julio. Allí se acordó la ampliación de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) y la flexibilización de su campo de acción. Y la semana pasada se cerró la aprobación de los cambios en el último de los parlamentos nacionales que debía pronunciarse. Lo que resta es aumentarle el torque de manera que su curva de potencia teórica permita cubrir, en caso de necesidad, dos usos claves: la citada capitalización de la banca y apartar definitivamente las deudas de España e Italia de la zona de peligro de tasas de interés en espiral (e impedir que alguien empuje a Bélgica). Las últimas palabras de Jean- Claude Trichet antes del retiro -»el BCE no será el prestamista de última instancia»- le cierra el paso a lo que sería la solución más viable. No es que el BCE no esté en los hechos oficiando como tal -caso contrario, Italia ya se hubiera sumado al club de la terapia intensiva en camastro contiguo a Irlanda y Portugal-, pero se niega a cumplir la tarea en forma permanente. Difícilmente el recambio por Mario Draghi modifique esa reticencia.

Sin estrépito se acerca la hora de las precisiones. Saber que la troika que vigila los pasos de Grecia le girará los 8 mil millones de euros los primeros días de noviembre remueve urgencias. Merkel y Sarkozy se comprometieron a tener un paquete exhaustivo para la reunión presidencial del G-20 el 3 y el 4 del mes próximo. Este domingo, el Consejo Económico debería arrimar las propuestas de capitalización. Que la iniciativa de los BRICS, en la reunión ministerial del G-20 de este último fin de semana, haya sido bloqueada por EE.UU. y Gran Bretaña -la idea era expandir la capacidad prestable del FMI como rueda de auxilio de la FEEF- revela una merma de ansiedad en sus tesorerías cuando se ha visto a Tim Geithner (en especial) y a George Osborne caminar por las paredes. El mensaje es claro: ahora que se consiguió el respiro, «la prioridad es que Europa ponga su casa en orden» (el ministro australiano de finanzas dixit) e involucre «más compromiso y recursos propios» (Geithner).

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