7 de septiembre 2011 - 00:24

“Se puede controlar inflación sin tener que enfriar economía”

• Lo dijo Oscar Liberman, de Fundación Mercado

Oscar Liberman
Oscar Liberman
«Controlar el gasto y restringir la emisión monetaria son un primer paso importante» para morigerar la inflación, sostuvo Oscar Liberman. En ese sentido, señaló que, además, habría que «generar condiciones para una inversión sostenida ya que ésta corrige desequilibrios de largo plazo».

En diálogo con este diario, este economista, titular de la Fundación Mercado, vaticinó que «la principal puerta de entrada de la crisis internacional se focaliza en la economía real» a través de una desaceleración de China y Brasil, aunque reconoció que «aún no se visualiza un impacto fuerte en estos países, pero cabe esperar que en determinado momento se experimente algún tipo de efecto».

Periodista: ¿Qué perspectivas ve para la economía argentina de acá a fin de año?

Oscar Liberman:
No debería evidenciar demasiados cambios de no mediar ningún shock externo ni interno importante. El esquema de crecimiento con inflación, con el acelerador a fondo, el consumo tonificado, bajos niveles de ahorro e inversión, parece el objetivo del Gobierno, y es el escenario más probable. Transcurridos poco menos de tres trimestres, se percibe una desaceleración en la actividad, pero estabilizándose en estos niveles. El escenario se puede ver modificado desde el exterior como consecuencia de algún efecto proveniente de la crisis internacional, o por algún efecto interno luego de las elecciones que puede originarse tanto en medidas económicas o en la ausencia de ellas para lograr controlar la fuga de dólares o la inflación.

P.: ¿Cree que va a haber una recesión mundial?

O.L.:
Es altamente probable que estos vaivenes deriven en una recesión internacional si es que no se ingresó todavía. La crisis que se generó globalmente fue la más grande de los últimos ciento cincuenta años. Sin embargo, el mundo descontó la salida de ésta con mucha rapidez aun antes de haber realizado todos los ajustes necesarios. Puede decirse que el mundo en general se levantó de la mesa muy rápido y echó a andar sin haber pagado toda la cuenta.

P.: ¿Qué impactos puede provocar la crisis?

O.L.:
La principal puerta de entrada se focaliza en la economía real. Aún no se visualiza un impacto fuerte en Brasil y en China, pero cabe esperar que en determinado momento se experimente algún tipo de efecto. La Argentina, productor y exportador de soja y automóviles por excelencia, con clientes preferenciales como Brasil y China, tiene ahí un espacio en el cual la crisis se puede colar.

P.: ¿Y la depreciación de Brasil?

O.L.:
Que Brasil devalúe es una presión permanente sobre el equilibrio macroeconómico actual. Brasil es uno de nuestros dos principales compradores y resulta crucial para seguir produciendo y exportando automóviles. Por otra parte, un Brasil devaluado revitaliza una competencia en muchos productos para la Argentina. Nadie está pensando en una megadevaluación en Brasil después de un período tan largo de apreciación, pero un posible impacto de la crisis internacional sobre Brasil sería llevarlo a una devaluación.

P.: ¿Es preocupante la caída de las reservas?

O.L.
: El nivel de reservas no es un preocupación en sí misma como problema de stock. Aun con las posibles modificaciones por cambio en las cotizaciones. El problema es el flujo. La salida de capitales es muy alta. Es cierto que aún es un problema manejable. En 2008 fue mucho más elevada, de u$s 23.800 millones contra u$s 19.000 millones que se esperan este año, y el nivel de endeudamiento nacional ahora es menor. De todas formas, si no existe una reversión de tendencia poselectoral, lo que hoy es un problema de flujos puede derivar en una crisis de stocks.

P.: ¿Qué otros problemas son preocupantes de la economía argentina?

O.L.
: En primer lugar está la inflación porque, además de las consecuencias que genera en sí misma, atraviesa transversalmente al resto de las variables fundamentales. La insuficiente inversión, además de su baja calidad, es otro problema que se arrastra desde la puesta en marcha del esquema. Ésta acentúa el atraso de oferta respecto de la demanda y compromete el crecimiento de largo plazo.

P.: Dijo que la inflación pasó de ser un síntoma a una enfermedad. ¿Qué habría que hacer para morigerarla?

O.L.
: La inflación siempre comienza como un síntoma. Como efecto posdevaluatorio, como resultado de un atraso permanente de oferta a una demanda que se desplaza continuamente, como consecuencia de un nivel de emisión demasiado elevado. Luego de un proceso sostenido de inflación, cuando las expectativas ya la internalizan y los agentes económicos la descuentan, y la economía comienza a vivir con una inercia inflacionaria, las consecuencias sobre la pobreza, la distribución de la renta, las distorsiones en los incentivos, hacen que el fenómeno tome en una gran medida vida propia y se convierte en un problema en sí mismo. Es cierto que puede controlarse la inflación sin «enfriar» la economía, pero conforme se deja pasar el tiempo para atacar el problema, las consecuencias que provocaría son cada vez más comprometidas. Si no se quiere enfriar el consumo y se desea mejorar la inversión, el ajuste de la demanda debe venir por la porción que le corresponde al Estado, es decir, el gasto público. Controlar el gasto y restringir la emisión monetaria son un primer paso importante. Generar condiciones para una inversión sostenida corrige desequilibrios de largo plazo. Un shock de inversión en el corto plazo sería un problema porque empujaría violentamente la demanda. Hay que pensar en sincerar el verdadero nivel de inflación, establecer un esquema de metas de inflación de acá a cinco años reduciéndola paulatinamente y ajustar las políticas macroeconómicas a esas metas.

Entrevista de María Iglesia

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