La primera renuncia de un funcionario en Defensa anticipa más movimientos de cara a la renovación de equipos en un año electoral. Se fue el subsecretario de Asuntos Internacionales, José Luis Vila. Un hombre experimentado en menesteres del análisis de inteligencia. El lugar común lo ubica como espía de carrera en la SIDE (de la que se jubiló) aunque el metier lo tuvo circunscripto a la elaboración de escenarios vinculados al mundo exterior muy lejos de la actividad de un agente de campo.
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La renuncia se debió a choques con otro radical, su superior directo, el secretario de Estrategia y Asuntos Militares, Ángel Tello.
Vila, con mejor gestión que Tello, sufrió la condena de Sísifo. Empujaba a diario proyectos, iniciativas, políticas y asesoramientos que retornaban a su despacho sin la consideración de su jefe. Igual destino le aguarda a su colaborador Hugo Armellino, director de contralor de material de defensa. Las cuitas entre radicales que dependen de Tello inquietan a la conducción de Cambiemos. Tello había recurrido a la jefatura de Gabinete de Ministros para informar desmanejos en la campaña antártica que conducía el radical puntano Walter Ceballos, secretario de Logística del Ministerio de Defensa. En la diplomacia señalan cierta morosidad de Asuntos Militares para advertir la movida británica del rompehielos Protector. Es que esa secretaría mantiene los lazos institucionales con los agregados militares de todas las legaciones extranjeras. Otro radical PRO en la picota es Ercole Felippa, titular de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA). En una reunión de producción salió a la luz un faltante de 1.807 piezas del stock para la fabricación del IA-63 Pampa. El número pone en jaque la programación que tenía FAdeA de finalizar el año con la entrega de al menos 8 Pampas. Se mira a la Fuerza Aérea que retiró los componentes, sin el control de la fábrica, para mantener en vuelo las máquinas basadas en Mendoza.
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