16 de diciembre 2010 - 00:00

“Tron” devuelve el placer del cine

Jeff Bridges rejuvenecido digitalmente, uno de los prodigios de «Tron, el legado», secuela que se basa en la estética y los conceptos de un film de culto de 1982 y los lleva al límite de lo que permite la tecnología actual.
Jeff Bridges rejuvenecido digitalmente, uno de los prodigios de «Tron, el legado», secuela que se basa en la estética y los conceptos de un film de culto de 1982 y los lleva al límite de lo que permite la tecnología actual.
«Tron el legado» (Tron: Legacy», EE.UU., 2010, habl. en inglés). Dir.: J. Kosinski. Int.: J. Bridges, G. Hedlund, O. Wilde, J. Frain, B. Garrett, M. Sheen, B. Boxleitner, A. Cheurfa.

Hacer una secuela de un film que se adelantó a su tiempo podría no ser precisamente una idea de avanzada. Sin embargo, la nueva «Tron» parte de la base de la estética y conceptos originales para llevarlos al límite de lo que permite el cine hiper tecnológico del siglo XXI en una experiencia increíble que sólo debe verse en 3D (y, si se puede, en IMAX). Es el tipo de película diseñada para que el público redescubra el placer de ir al cine.

Por otro lado, ojalá esta secuela/homenaje a «Tron» logre elevarse por sobre la injusta subestimación que sufrió el original, dirigido por un perfecto desconocido, Steven Lisberger (que al menos consiguió un puesto de productor en esta secuela)

Antes de que nadie tuviera la menor noción de conceptos como realidad virtual, ni se entendiera que una película podía tener imágenes generadas por computadora, «Tron» combinaó todas estas ideas en una aventura fantástica donde un programador de videogames se veía transportado al universo computarizado que él mismo habia creado.

Adelantarse a su tiempo tiene sus desventajas: «Tron está llena de imágenes y sonidos estridentes, brillantes y vacíos, y básicamente eso es lo único que tiene para ofrecer», aseguró «The New York Times» en su reseña de 1982.

Pasaron un par de décadas antes de que «Tron» empezara a ser reconocido como el verdadero hito del cine del futuro que fue y sigue siendo hasta ahora. A partir de este demorado reconocimiento, la tentación de hacer una secuela que remixe el antiguo concepto pionero con la tecnología del cine siglo XXI provocó ataques de pánico no sólo en los cineastas involucrados, sino también en los fans de aquel film de culto. Ataques de pánico que podrían parecer justificados, al menos hasta ver este alucinante regreso a la «grilla» del videogame creado por el personaje de Jeff Bridges, donde los programas tienen forma humana y combaten por su vida al estilo de los antiguos gladiadores.

Lo peor de la vieja «Tron» era la abismal diferencia entre las escenas no digitales y las increíbles secuencias en el mundo virtual que, en ese momento, nadie podía imaginar ni concebir, aun viéndolas en pantalla grande. La nueva película corrige este error, ya que ofrece unos 20 minutos de sólidas escenas de «live action» antes de sumergirse en un viaje de ida al mundo virtual dominado por un clon maligno -y joven- de Jeff Bridges, que también anda por ahí exiliado en su propio mundo con apariencia de sabio zen.

Su hijo, Garrett Hedlund, joven millonario traumado de por vida por la desaparición de su padre, aparece en ese inframundo virtual y de inmediato protagoniza todas las escenas de los violentos juegos del film de 1982, sólo que en versiones 3D tan contundentes en lo visual como en lo dramático; tal vez lo mejor y lo peor de «Tron, el legado» sea la imposibilidad de verla en doble programa con el ahora primitivo film original, cuyos antiguos avances tecnológicos parecerían un chiste al lado de su mejorada continuación modelo 2010.

Como bien le dice el Jeff Bridges bueno a su doble joven, malo y virtual -excelente tecnología digital tipo «Benjamin Button»-la perfección es un espejismo, la trama psicodélica original se vuelve aún más abstracta en este homenaje que bombardea al espectador con imágenes y sonidos más estridentes, brillantes y llenos de creatividad e imaginación que la película de 1982 que tanto molestó a la crítica seria.

Mejorar un score de Wendy Carlos es difícil, pero Daft Punk lo logró, e incluso aparecen como DJs lunáticos en la cabina de una disco donde Michael Sheen casi se roba la película como una especie de David Bowie de los barrios bajos virtuales.

Respetando la estética vintage basada en colores flúo del viejo «Tron», el director debutante Joseph Kosinski armó un delirio visual imperdible. Su capacidad de remix se puede sintetizar mencionando que en medio de la música tecno de Daft Punk, aparece un viejo hit de Journey, banda de rock vintage impresentable como pocas.

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