Un diálogo epistolar de culto

Edición Impresa

Helen Hanff «84, Charing Cross Road» (Barcelona, Anagrama, 2012, 126 págs.)

Este es un libro que fascina a los miembros de la secta (en proceso de extinción) de los amantes de los libros. Todo lo que ocurrió en torno de este librito, apenas una incompleta compilación de cartas, tiene algo de cortazarianamente mágico. A fines de 1949, Helen Hanff, una estadounidense treintañera y solitaria, que pretende sin éxito convertirse en escritora, sobrevive en Nueva York. Es autodidacta y, dispuesta a hacerse de la cultura clásica comienza a comprarse libros de segunda mano que ordena en cajas de naranjas, pero no consigue los que desea.

Un día (aquí empieza todo), encuentra en Saturday Review de Literature el aviso de una pequeña librería de Londres que ofrece obras agotadas a bajo precio, y les escribe para saber si disponen de algunos títulos que ella quisiera tener. Del otro lado del océano, el librero Frank Doel, de Marks & Co, le responde y así comienza un diálogo que dura veinte años, en el que terminan participando todos los empleados de la librería, y hasta la esposa de Frank, que no deja de sentir celos por esa mujer que deslumbra a su marido con su inteligencia y su humor.

En el libro no están todas las cartas, apenas un puñado, pero son un puzzle en el que por datitos el lector va descubriendo los mundos de los partícipes de ese salteado diálogo epistolar. Son tiempos de posguerra, en Inglaterra hay restricciones, y Helen les manda de regalo a sus amigos generosas vituallas. Y del otro lado cada vez que pueden la compensan, con un mantel bordado a mano, por ejemplo.

Si bien Helen logra tener algún dinero cuando comienza a trabajar como lectora de guiones y guionista en los primeros pasos de la televisión, siempre posterga su visita a la librería londinense. Y cuando decide ir, su corresponsal librero ha muerto, y la librería está a punto de cerrar su puertas.

Todo lo que se cuenta ocurrió. Un día, la escritora Helen Hanff le dio a un editor amigo un puñado de cartas para que pensara si a partir de ahí se podía hacer un libro, cuando volvió a verlo, él se lo mostró impreso. Y ese librito se volvió un objeto de culto, lugar de identificación entre amantes de la literatura, buscadores de libros, solitarios que consideran que entre la gente más simple está repleto de seres extraordinarios. Acaso por eso cuando cumplían 21 años de casados, Mel Brooks le regaló a Anne Bancroft, que amaba ese libro, los derechos para convertirlo en una película, que fue «Nunca te vi siempre te amé» (84, Charing Cross Road, en el original) de 1987, que ella protagonizó junto a Anthony Hopkins, y por la que ella ganó el British Academy of Film and TV Arts a la mejor actriz.

Hoy el libro es un viaje al pasado, a tiempos donde un diálogo epistolar llevaba y podía durar años. Hoy Internet ha acortado las distancia y los tiempos, y los mails suelen ser datos tan de superficie que no pasan de 140 caracteres, y el mundo de los textos clásicos sólo parece haberse refugiado en la nueva secta de los blogueros literarios.

EÉste libro de Helen Hanff, que ha ahora reaparecido en edición de bolsillo, es el más famoso y menos propio de una autora de la que tendrían que traducirse sus memorias («Underfoot in show business»). Donde Hanff vivió en Nueva York (305 E. 72 street) hay una placa junto a la puerta que declara: «Charing Cross House», o sea casa de la libreria que ella volvió mítica.

M.S.

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