- ámbito
- Edición Impresa
Un excelente Rubalcaba, más clásico que jazzero
Para asombro (y decepción) de quienes fueron al C.C. Kirchner a escuchar al Gonzalo Rubalcaba jazzero latino, el pianista cubano eligió un repertorio cercano a la música clásica y la sutileza y el intimismo al brillo.
Joven sobresaliente en la década del 80. Niño mimado de los festivales "Jazz Plaza" de La Habana. Ahijado artístico de Dizzy Gillespie o Chucho Valdés. Gonzalo Rubalcaba hace rato que se convirtió en una de las mayores figuras de ese amplio espectro llamado jazz latino. Tocó con muchísimos de los más importantes colegas de distintas generaciones. Compartió proyectos, discos y escenarios con Joe Lovano, Al Di Meola, Ignacio Berroa, Herbie Hancock, Chick Corea, Charlie Haden, Ron Carter y tantos más. Su piano, como "sideman" o al frente de sus grupos el trío es su formación favorita- ha recorrido decenas de países. Su discografía es variada, abultada y bien sabrosa; y dos de sus álbumes, "Supernova" de 2002 y "Solo" de 2006, recibieron sendos premios Grammy.
Hace ya tiempo que no vive en La Habana y que ha mudado su residencia a Fort Lauderdale, finalmente a pocos kilómetros de su país natal. Desde allí construyó la última parte de su carrera. Y después de grabar durante años para el sello Blue Note, decidió lanzarse con su propio proyecto editorial y lo hizo con un disco personal, solista, algo distinto a lo que venía haciendo, llamado "Faith" ("Fe").
Este trabajo, que en buena medida lo retrotrae a sus inicios como estudiante de piano clásico, venía como anillo al dedo para la propuesta que le hicieron desde el Centro Cultural Kirchner para sumarse al festival "Piano, piano". Un instrumento solista en el medio del escenario, una sala imponente y todavía flamante, una amplificación sutil casi de concierto clásico, luces fijas y un repertorio que nadie se atrevería a llamar jazzístico. Eso es lo que ocurrió frente a un teatro colmado que, justo es decirlo, empezó a tener algunos huecos a medida de que los espectadores descubrieron que no habría son ni mucho tumbao.
Rubalcaba pasó por aires de Bartók, Debussy o el pos-romanticismo. Aprovechó al máximo las bondades de un piano de gran cola tan nuevo como todo en el centro cultural. Se movió fundamentalmente en los medios tonos. Prefirió los "pianissimi" a lo expansivo de la danza, y la sutileza y el intimismo al brillo. Tomó buena parte del material de su disco "Fe" de 2010 -aunque ya hay otros álbumes posteriores-, que hizo pensando en sus hijos y en homenaje a Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, dos pioneros de la música clásica cubana.
Repetimos. No fue sencillo para quienes fueron al concierto esperando encontrarse con el más habitual jazzero latino. No faltaron, como parece lógico, su toque cubanista sobre todo en la mano izquierda, o citas a clásicos populares como "El manisero" o "Bésame mucho". Pero lo que ofreció, en mayor medida, fue un recital de piezas con mucho material escrito, con breves espacios para la improvisación, con el compromiso de tocar solo ("esto es una tragedia", dijo exagerando el punto) y con la libertad de no tener que seducir multitudes.


Dejá tu comentario