Una baldosa (y resbaladiza)

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La gran diferencia con lo visto en la rueda del martes fue el carácter de piso enjabonado por donde transitan negocios tan magros como los anteriores. La clásica tarea defensiva, llevando las órdenes a un «embudo», pudo salvar deterioros de precios en la fecha previa -quedando neutra- y tal vocación por establecer un «empate» es lo que se vio vulnerado en el desempeño de la víspera.

Donde desde Shanghái y su 2,5 por ciento de caída de madrugada, pasando por europeos con debilidad matizada por sus diversos índices. Incluyendo esta vez al Dow Jones, que se despeñó el 1,5 por ciento, sólo la excepción extraña del Bovespa -alza del 0,5 por ciento- puso la cuota de color. En el ámbito local, que goza de sus propias turbulencias financieras y cambiarias, al Merval no le quedaba más chance que propender a cerrar filas en la oferta. En verdad, los $ 34 millones pobres lo denotan, existió tal predisposición. Aunque fue tal el vacío de demanda en niveles de precios previos que lo poco que se ofertó igualmente fue mucho. El sector «bancos» retornó al protagónico de resultar muy perjudicado y con el título clave de G. Galicia aportando pérdida del 4,6 por ciento al índice ponderado. También el Macro, rozando un 6 por ciento ayer, fue participante depresivo. Francés, con el 2,5%, y la aparición del Patagonia -más del 7%- completan un elenco adverso de tono firme. Con sólo 13 alzas por 35 bajas se terminó de delinear una tercera rueda francamente negativa, de orden global. El Merval rozó el 2%, con final en 2.625 puntos. La Bolsa, arrugada.

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