23 de septiembre 2010 - 00:00

Villaronga: “Hablar de la guerra, sin mostrarla”

El catalán Agustí Villaronga presentó en el festival donostiarra su película «Pa negre» («Pan negro»).
El catalán Agustí Villaronga presentó en el festival donostiarra su película «Pa negre» («Pan negro»).
San Sebastián - La vida ofrece sus contradicciones. Ayer una película interesante sobre el parto natural, «Genpin», fue presentada de forma muy poco interesante por su autora, Naomi Kawase. Y un drama tristísimo, el catalán «Pa negre» (pan negro, en catalán) fue comentado por su equipo y por los periodistas con la más notable cantidad de sonrisas cordiales y entusiastas que puedan verse en una conferencia de prensa, como si hubieran hecho una comedia. Y el niño protagonista, con ojitos achinados y carita de animé, se ganó los aplausos cuando imaginó una continuación de la película sintetizando, muy sinceramente, «creo que me hago médico y sigo una vida buena, más bien con los ricos, porque mejor ser rico que pobre».

«Pa negre» es tristísimo, ya lo dijimos. Transcurre en una aldea perdida, apenas terminada la Guerra Civil, cuando todo era necesidad, hambre y ausencia, humillación, resentimiento, envidia y vigilancia. Y silencio. Un día un niño encuentra dos cadáveres en el bosque. Son un hombre y su hijo. La policía orienta la investigación a su conveniencia. El también. El final es tremendo.

Autor de la película, Agustí Villaronga, el mismo de la terrible «Aro Tolbukhin. En la mente de un asesino», «Tras el cristal», y similares. Pero uno lo ve y es un pan de Dios. Un tipo dulce, amable, simpático. Y con una perspectiva inteligente. Como dice su productora, «él siempre encuentra lo bueno de los malos, y lo malo de los buenos, nunca es maniqueo», Se impone la pregunta:

Periodista: ¿Cómo es la novela de Emili Teixidor en que se basa esta película?

Agustí Villaronga:
Muy fuerte. Leí otras de él, como «Retrat dun assassí docells» [retrato de un asesino de pájaros], todas de ese tono, las que son para adultos, porque también hace novelas para niños. Creo que algunas cosas tenemos en común: la inquietud de mirar al pasado, las historias corales, la descripción de situaciones de violencia hacia los animales como una metáfora de otra cosa, por ejemplo. Me ofrecieron hacer una versión para cine, pero yo no tengo habilidad para el costumbrismo. Puedo mejor acercarme a lo fantástico, desarrollar un mundo de fantasmas, muy presente en la vida infantil, y eso es lo que hice, partiendo del mundo interior del niño que quiere saber la verdad y es capaz de asumirla y reelaborarla a su modo. Pero no busqué un fantástico a la manera de «El laberinto del fauno», ni una descripción de la España Negra al estilo de «La lengua de las mariposas». Traté de mostrar las llagas de la guerra, sin mencionar la guerra.

P.: No es el único cambio.

A.V.: No. En el libro, la niña, es muy llorona. Y hay una galería tremenda de mujeres. Además tomé personajes de otras novelas de Teixidor. Pero sobre todo me esforcé en evitar que hubiera buenos y malos claramente definidos. Están todos salpicados. La guerra es una piedra enorme que cae en un charco asqueroso y salpica a todos por igual. El padre del niño, por ejemplo, ha perdido sus ideales, y eso se siente como la peor de las pérdidas.

P.: Los pequeños actores, Frances Colomer y Marina Comas, impresionan muy bien.

A.V.:
Sí, porque ellos casi nunca dejan de ser naturales. Y es la primera vez que actúan. Lo pasaron muy bien. Aparte, no es una película sórdida, como por ahí dijeron.

P.: Curiosamente, hoy todos se sentían muy contentos.

A.V.: Es que el público respondió bien. Hoy en España la gente evita cualquier película ambientada en la guerra o la posguerra, no importa que esté bien hecha, haya costado mucho trabajo, o diga algo importante. Y muchos ni se enteran que hiciste una, porque nadie se entera cuando no le interesa enterarse. Es lo habitual. Pero acá se enteraron, se llenó la sala, y les gustó.



* Enviado Especial

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