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21 de noviembre 2007 - 00:00

"Beowulf"

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«Beowulf» es un film sumamente irregular en cuanto a argumento y climas, pero merece verse por las asombrosas imágenes que llevan al extremo las posibilidades del cine de animación digital.
«Beowulf» (EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: R. Zemeckis Animación. Int.: R. Winstone, A. Hopkins, R. Wright Penn, A. Jolie, J. Malkovich, B. Gleeson, C. Glover, A. Lohman.

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En el siglo pasado, circa 1982, la película «Conan el Bárbaro» se convirtió en un éxito de taquilla más por el modo en el que el director John Milius presentó al público masivo a ese efecto especial de carne y hueso que es Arnold Schwarzenegger, y no tanto por los efectos especiales de latex de Carlo Rambaldi. El éxito de «Conan» generó docenas de imitaciones clase B, incluyendo algunas gemas del cine independiene filmadas en Argentina.

La crudeza visual de esas fantasías heroicas producidas con un puñado de dólares dio lugar a pequeños éxitos del box office «indie» que provocaron sagas aún más extensas que las de los films de Arnold. Ya sean «Los bárbaros» del italiano Ruggero Deodato, el ecológico «Beastmaster» del discípulo de Kurosawa Albert Pyun (que se estreno aquí como «Invasión V») o la argentinísima «Deathstalker» (El cazador de la muerte), coproduccida por Roger Corman y Héctor Olivera, nunca estrenada en nuestras pampas, igual que sus tres secuelas.

Un cuarto de siglo más tarde, hay que sacarse el sombrero ante la eficacia lograda por Robert Zemeckis con sus 100 millones de presupuesto, sumados a los otros 111 millones que sirvieron de experiencia previa al rodar la inocente, anodina, y ya olvidada superproducción «Expreso Polar», con un Tom Hanks deformado digitalmente sin piedad.

Un poema épico del siglo VIII es la excusa para que Robert Zemeckis lleve al extremo las posibilidades del cine de animación digital (aunque el primer acto de «Beowulf» luce tan real como cualquiera de esas películas clase B filmadas por dos pesos en Italia, Argentina o Filipinas). La violencia propia de un relato con héroes vikingos enfrentados a monstruos infernales genera imágenes asombrosas, que no tienen mucho en común con la mayor parte de los films producidos con este tipo de tecnología (dedicados al público infantil, lo que implica automáticamente otra estética).

Excepto por los momentos «300» que no sorprenden mucho y lucen familiares, este film de vikingos no siempre las tiene todas consigo, pero cuando acierta, reinventa el cine épico con ángulos imposibles fuera de un comic de Richard Corben o de Neil Gaiman, que acá esta más en su mundo de historietas que en la más compleja «Stardust».

La estrella evidentemente es la monstruosa y supersexy Angelina Jolie, El actor que se luce al mejor estilo «To be or not to be» es Anthony Hopkins animado y deformado y todo; las obvias referencias a Shakespeare que casi arruinan la película al ponerse más seria de lo conveniente tienen como primera víctima a John Malkovich, pero el que cae de sobredosis digital es el héroe Ray Winstone. Por su parte, la voz sexy de Robin Wright Penn no hace sincro con su deslavada reina eslava.

Estos vikingos digitales quizá no sean como Richard Widmark, pero se soportan bien la lucha contra la dragona que los sedujo de por vida. En síntesis, despareja al máximo, las mejores imágenes que ofrece esta película no se parecen a nada conocido y, por eso, merece verse.

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