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20 de noviembre 2007 - 00:00

Bollywood en San Luis con dos buenos films

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San Luis - «Recuerdo una vieja de mi pueblo. La veo, armando su cigarro en el almacén de ramos generales. Tenía voz de cigarro. Y mascullaba algo que todavía tengo presente: 'si esto fuera fácil, lo haría cualquier pavote'». Esta anécdota la contó Julio Márbiz, de sobremesa, sin entrar en detalles ni comparaciones, anteanoche cuando los demás comensales empezaron a elogiar la organización del Festival Internacional San Luis Cine. En verdad, es destacablelo que ha hecho con un equipo mínimo, mayormente integrado por gente sin experiencia en grandes festivales de cine (por suerte supo elegir buenos colaboradores, sobre todo su mano derecha, la productora Sabina Sigler).

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No todo está aceitado, por supuesto, y además se sufren las mezquindades de la Aduana, que retrasaron la llegada de algunos títulos, y de Aerolíneas,que no está llegando a San Luis todos los días, lo cual obligó a reenviar por Lan Chile hasta 40 pasajes ya comprados (encima Lan baja en Mendoza). Pero, aun así, esto va marchando.

Márbiz retomó para San Luis los criterios que once años atrás él mismo desarrolló para Mar del Plata: hospitalidad, recibir películas de todo el mundo, para todos los gustos, sin imposiciones elitistas.

Ese rumbo siguen las entradas gratuitas, las becas para estudiantes de todo el país, el abanico de propuestas cinematográficas, la elección de «Manuel de Falla» como expresión no sólo de nuestro cine sino también de nuestro amparo a los refugiados políticos, y la imposición del nombre de Hugo del Carril a la sala mayor del Complejo Cultural Puente Blanco. Hugo del Carril hijo, viva estampa de su padre, estuvo en ese acto, agradeció, y, por supuesto, no lo dejaron ir sin cantarse un tango.

En cuanto a las referidas propuestas para todos los gustos, desde la noche del domingo se han agregado una comedia puertorriqueña («Maldeamores», simpática, con producción ejecutiva de Benicio del Toro), unos melodramas inquietantes (la danesa «Anja y Viktor, amor ardiente», la francoitaliana «Una vieja amante», de Catherine Breillat), dos brasileñas con ánimo de fantasía dulce («Detrás de las nubes») o de fantasía amarga («El olor del caño»), dos iraníes de diferente clase («Hombres trabajando», que en realidad son unos vagos aburguesados, y «Voces de Bam», sobre gente después de un terremoto), y dos hindúes bien «bollywoodenses», sólo que uno es un relato de infancia muy tierno, con niños muy bien dirigidos, «Unni», y el otro es un bizarro increíble, de esos que atrapan hasta el final solo para ver cómo termina: «Mi propio cielo».

Ahí, los padres de un chico muy cariñoso, ligeramente autista, quieren que sea como cualquier otro, y si es posible más inteligente que los otros. Entonces apelan a un médico que está experimentando con un potenciador intelectual. El chico se vuelve un genio, pero también un paranoico peligrosísimo, que se cree otra persona, y agrede a cualquiera. El médico tiene un antídoto, pero ha desaparecido, perseguido por la policía. ¿Podrán encontrar al médico? ¿Les dará el antídoto? ¿Podrán aplicárselo al pibe, antes que mate al padre como está tratando de hacer? ¿Funcionará? ¿Volverá a ser el chico cariñoso de antes? ¿Es mejor un tonto bueno que un inteligente malo? No hubo ninguna deserción en la platea.

La deserción de los fieles, en cambio, es la inesperada desgracia de los pobladores de Melo, en la comedia uruguaya «El baño del Papa», de Fernández & Charlone, que ayer hizo su presentación en competencia, con muy buena respuesta de público. «El baño...» ya tuvo sus premios en Cannes y San Sebastián, pero, ya se sabe, ningún jurado es igual a otro. Al menos, el humor triste de los orientales calzó bien entre los puntanos.

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