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6 de marzo 2007 - 00:00

Bosque de Fontainebleau, inspiración de pintores impresionistas, es ahora eje de una gran muestra en París

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Retrato de Fontainebleau por Jean-Baptiste-Camille Corot.
El bosque de Fontainebleau, una masa arbórea a las afueras de París, sirvió desde finales del siglo XVIII como modelo pictórico a muchos artistas, algunas de cuyas obras componen la exposición que hoy abrió sus puertas en el Museo de Orsay.

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"El bosque de Fontainebleau: Un taller con las dimensiones de la Naturaleza.De Corot a Picasso" repasa la importancia que para muchos pintores, franceses y extranjeros, tuvo este bosque de la capital francesa.

Desde finales del XVIII, Fontainebleau fue lugar de prácticas de pintores que daban sus primeros pasos, un uso que se prolongó durante la centuria siguiente, sobre todo cuando los impresionistas convirtieron al lugar en uno de sus escenarios predilectos.

La muestra recoge obras de pintores como Camille Corot, Jacques-Raymond Brascassat o Alexandre Blaise Desgoffe, que estuvieron entre los primeros que inmortalizaron el bosque antes de que sus parajes se pusieran de moda por influjo de los escritores románticos que, embelesados por el lugar, lo convirtieron en fuente de inspiración.

En los primeros compases del XIX, Théodore Rousseau se instaló en Barbizon y creó una escuela pictórica que adoptaría el nombre de esta ciudad. Narcisse Virgilio Diaz, Constant Troyon, Jules Dupré, Charles Jacque y Jean-François Millet fueron algunos de los que conformaron esta escuela, que tuvo en Fontainebleau un modelo pictórico de tamaño natural.

A mediados de siglo fue Charles Gleyre quien envió al bosque a sus alumnos, que portaban nombres como Pierre Auguste Renoir, Alfred Sisley, Frédéric Bazille o Édouard Manet.

Este último pintó en Fontainebleau el "Almuerzo sobre la hierba", considerado un manifiesto de la pintura moderna.

El bosque se convirtió en un lugar de paso obligado para los pintores de la época y pocos fueron los que, a su paso por París, no se vieron atraídos por la magia del lugar que inspiró a tantos artistas.

Entre los que acudieron al lugar figura el español Pablo Picasso, que visitó el bosque en 1921.

La exposición reflexiona sobre el poder de atracción de Fontainebleau sobre los artistas de la época y trata de profundizar en "el espíritu del lugar".

"El bosque de Fontainebleau resume todos los bosques", indican los organizadores, que destacan su "variedad de paisajes" que permite "saltar de un sólo paso de un sombrío espacio a la claridad cegadora de arenas, gargantas y rocas inquietantes, o al espectáculo tranquilo de una charca plateada".

Por eso, el bosque "alimentó la imaginación de los artistas, una inspiración que no se limitó a los pintores o escritores, puesto que sus rincones fueron escenarios predilectos de los primeros fotógrafos e incluso sirvió como paisaje para el rodaje de películas.

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