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4 de septiembre 2007 - 00:00

Buen músico con un repertorio erróneo

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Presentación de «Paz». Niño Josele (guitarra). Con Esperanza Spalding (contrabajo) y Horacio Hernández (batería). (Teatro Coliseo, 1 de septiembre.)

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El guitarrista Juan José Heredia, más conocido como Niño Josele empezó a trascender internacionalmente a partir de su trabajo junto a Paco de Lucía, con quien sigue tocando; participó de proyectos de músicos tan diferentes como Lenny Kravitz y Andrés Calamaro, y de la mano de Bebo Valdés y Fernando Trueba (con quienes había trabajado en el proyecto «Lágrimas negras»), llegó a la música de Bill Evans que terminaría con el álbum «Paz» dedicado a su música. Este tercer disco suyo como solista lo sacó, entonces, de lo que suele tocar más a menudo. Es que Niño Josele lleva al flamenco en el cuerpo y es allí donde su obra se hace mucho más interesante.

Bill Evans escribió desde y para el piano. Sus melodías están concebidas para ese sonido, con sus ligaduras, con sus pedales, con sus posibilidades dinámicas. Y no es, por supuesto, que a priori pueda limitarse a esa sonoridad la música magistral del norteamericano, pero Josele no parece haber terminado de encontrarle la vuelta. Los resultados fueron mejores en el disco --con más músicos, con invitados y con excelente producción-que en el vivo que se escuchó en Buenos Aires solamente con un trío. Hubo pantallazos de las destrezas guitarrísticas del Niño, y algunos destellos de muy buena música de la contrabajista Esperanza Spalding -que también cantó-, y del baterista Horacio «El negro» Hernández. Pero no siempre el trío logró hacer transparente la música de Evans, que requiere justamente de eso, ni tampoco ensamblar un discurso coherente que hiciera atractivos los resultados. De hecho, lo mejor del concierto sucedió cuando el guitarrista se olvidó de su homenajeado y se largó con su música, en la locura vertiginosa de las bulerías. Aunque, de eso, hubo relativamente poco.

R.S.

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