"Caito es un pibe al que admiro mucho, del cual aprendo todos los días y es un poco mi ídolo", dice Guillermo Pfening sobre su hermano, protagonista e inspirador de la ópera prima que lleva su nombre. A la vez, Caito sostiene casi al final de la película: "Mi hermano me incluye en todo, es un genio". Así, la emoción y la admiración mutua se hacen presentes de manera notable en este documental-ficción que, afortunadamente, no apela a los golpes bajos. Luis, tal como es el nombre de quien todos conocen como "Caito", padece Distrofia Muscular. La enfermedad aparece en cada escena de este filme producido por Pablo Trapero, pero no es su razón de ser. Lo que los Pfening muestran allí es el deseo de ser padre de este joven, con una historia que nace de un anhelo concreto pero se convierte luego en esta obra artística donde el detrás de escena es vital. Guillermo habló con ámbito.com acerca de la experiencia que vivió la familia con este proyecto.
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Guillemo Pfening: Caito es mi hermano. Es una persona muy especial, nos criamos con 14 meses de diferencia y es casi como un mellizo para mí. Es un pibe al que admiro mucho, con una fortaleza espiritual muy grande, del cual aprendo todos los días y es un poco mi ídolo, un referente.
P.: Y usted un poco el de él, por lo que se ve en la película...
G.P.: Sí. Igual, esto a veces parece muy idílico pero tenemos agarradas tremendas también. Él desde su quietud, porque no puede movilizarse mucho, tiene una lengua que es un karate, con dos palabras te puede destrozar.
P.: ¿Qué representa la película para usted y qué cree que representa para él?
G.P.: Para mí representa tomar una voz propia y poder reflexionar no sólo de nuestra vida sino también de las posibilidades que tiene el cine como juego y como sueño. Representa un sueño cumplido, mucho tiempo de trabajo, muchos miedos en el medio, que se fueron superando, hay mucha autosuperación en todo el proyecto. Pasó por muchas etapas, estoy orgulloso de la película, la veo y la puedo seguir disfrutando. Sigo creyendo y pensando algunas cosas que pensaba al empezar el proyecto. Para Caito representa poder tener un proyecto a largo plazo, poder darse cuenta que es capaz de hacer no sólo las cosas que venía haciendo, ocuparse de su terapia con mucha dedicación pero también tener un proyecto en común con otra gente, poder probarse y saber que puede. Los dos nos pusimos a prueba: yo como director, y él como actor. Cuando empecé la película soñaba con el estreno para él. Él siempre vivió mi carrera desde Marcos Juárez y la gente le hablaba de mí. Ahora la gente me habla de él, de su proyecto, de su película y eso es algo que yo quería lograr.
P.: Se invierten los roles...
G.P.: Claro, esa era la idea. En la película hay mucho de eso también. Todos los personajes que lo rodean en su vida cotidiana son reemplazados por actores. Vino Juan Bautista Stagnaro a actuar, que es director... Hay un doble juego.
P.: ¿La autorreferencialidad es más difícil que la mera ficción?
G.P.: No se si es más difícil. Todo fue un proceso muy genuino. En un principio la película era de ficción. Luego entramos en conflicto con el material y empezamos a pensar en lo documental, en lo crudo. Cuando empezamos a trabajar en la autorreferencialidad nos dimos cuenta que lo interesante del proyecto era el proyecto en sí mismo. El guión estuvo casi todo el tiempo abierto. Por un lado puede ser más fácil porque contás con materiales más nobles que no tenés que ficcionar pero, por otro lado, la realidad tampoco es fácil y corrés con un montón de riesgos en cuanto a manipularla... es un arma de doble filo.
P.: ¿Cómo llega Pablo Trapero a la película?
G.P.: Nosotros nos conocemos de "Nacido y criado". Cuando empiezo a escribir el guión se lo muestro a Pablo. La primera que confió fue su mujer, Martina Gusmán, fue ella la que le llevó una primera versión y después él decidió sumarse.
P.: ¿Cómo logró mostrar la enfermedad sin golpes bajos?
G.P.: Ese era mi gran miedo. Yo todo el tiempo decía "no quiero que haya golpes bajos", "no quiero que haya violines", "no quiero que la gente se emocione porque yo le diga que se tiene que emocionar sino que la emoción surja". Fue algo en lo que tuve mucho cuidado porque es muy difícil trabajar con un material así sin caer en la pena, en la lástima, en el golpe bajo. No quería hacer una película sobre la enfermedad, pero tampoco negarla. Quería tomar a mi hermano, que es un chico con distrofia muscular, y ver de ahí en más qué podíamos hacer. Es una de las cosas en las que trabajamos y me siento tranquilo y contento de que se nota.
P.: ¿Cómo fue sacar a Caito de su cotidianeidad, de sus movimientos diarios?
G.P.: Ese fue un miedo que yo tuve como director y en la película se expresa. Miedo a que vaya en el cuatriciclo, que vaya fuerte, con otros personajes. Tuvimos muchos cuidados en el set de filmación y también fuera. Respetamos sus momentos de descanso, como la hora de la siesta, por ejemplo. Por suerte filmamos en una ciudad muy cómoda como Marcos Juárez y él se pudo adaptar. Pero a la segunda semana estaba tan motivado que no quería ni dormir la siesta; encontró en su propia ciudad como un viaje de estudios donde la pasó súper bien. Ahora es como muy terapéutico todo: estamos viajando por todo el mundo con la película, es un proyecto que a él y a todos les da mucha esperanza.
P.: ¿Cuál es su expectativa con la película?
G.P.: Mi expectativa es seguir trabajando muchísimo para difundirla, que la gente se entere, llegar a la mayor cantidad de estratos y niveles sociales. Tanto ahora como cuando baje de cartelera, quiero encontrar circuitos alternativos para mostrarla.
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