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2 de enero 2008 - 00:00

"Días de gloria"

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Estupendamente actuada, «Días de gloria» se ocupa de los combatientes negros subsaharianos, magrebíes e indochinos que después fueron ignorados por el ejército francés victorioso.
«Días de gloria» («Indigènes», Fr.Arg.-Marr.-Bélg., 2006, habl. en árabe y francés); Dir.: R. Bouchareb; Guión: R. Bouchareb, O. Lorelle; Int.: J. Debbouze, S. Naceri, R. Zem, S. Bouajila, B. Blancan, M. Simonet.

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Difícilmente algún alto militar francés de la Primera o la Segunda Guerra Mundial haya dicho, como el general San Martín tras la batalla de Maipú, «¡Mis pobres negros!». Y no porque no hubiera un tendal de negros al cabo de cualquiera de las tremendas batallas que asolaron los campos de Europa, sino simplemente porque eran, como se aceptaba oficialmente entonces, «razas inferiores», solo aptas para ser mandadas al frente. No para recibir la piedad, el reconocimiento, ni, mucho menos, la gloria.

No fue sólo Francia. Negros subsaharianos, magrebíes, e indochinos sirvieron en esas y otras guerras, como leales súbditos de las colonias, admirados de conocer la patria de sus respectivos dominadores, orgullosos de mostrarse más valientes y aguantadores que los blancos, y también, a veces, cansados del maltrato, la discriminación, y el ninguneo a nivel humano y profesional del que eran víctimas. Algunos, hay que reconocerlo, fueron condecorados. Pero eso no les permitió, a ellos ni a sus hijos, entrar luego como inmigrantes legales en el país por el cual habían luchado. «Días de gloria» («Indigènes», en el original), se centra en los magrebíes, y también en los pied-noirs, auténticos hijos de franceses, pero nacidos en el lado inconveniente del mapa. Todos ellos, hombres de piel oscura, de lengua y de costumbres distintas, los primeros a la hora del combate, los segundos a la hora de la recompensa. De un modo convencional pero eficaz, se pinta aquí un pequeño grupo de personas, cada uno con sus expectativas, su experiencia, y su diversa capacidad de resistencia, no a las balas, sino al desprecio. Viven algunas aventuras, sufren lo suyo, sacan conclusiones.

  • Aporte

  • Eso es todo, y es mucho, y es la primera vez que se hace, al menos a nivel de superproducción entre dos países norafricanos que aportaron sus héroes y dos países europeos que les sacaron provecho y hoy quizá sienten algo de culpa.

    La película entera es sólidamente buena, los intérpretes son parejamente muy buenos (por algo ganaron el premio conjunto al mejor actor en Cannes 2006), el despliegue de ambientación y de escenas de combate es harto elogiable, las ironías que se remarcan son más que evidentes, como es evidente también su innegable actualidad. Cosas así siguen ocurriendo.

    Autor, Rachid Bouchareb, habitual productor de Bruno Dumont, pero con un estilo mucho más accesible al público general que el de Dumont («La humanidad»), y con un sentido de la emoción, también más entrador. Único reproche, acaso, la extensión de algunos diálogos (pero había tanto que decir).

    Para interesados, una extensión del tema: el español «Somos los olvidados», documental de entrevistas a algunos de los miles de moros que se llevó el Generalísimo como punta de lanza a la Guerra Civil 1936-39, y que devolvió después a los desiertos, cubiertos de sangre y mala prensa, últimos leales del Sahara Español actualmente ignorado por la rica Iberia.

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