Bien dirigidos
por Ricardo
Holcer, Norman
Briski y Mirta
Bogdasarian
transmiten un
admirable
equilibrio que
logra disimular
las fallas que
presenta la
segunda mitad
de la obra.
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La llegada de los periodistas, sugerida con unos pocos flashes estroboscópicos, es la excusa perfecta para que los protagonistas confiesen, a público, algunas intimidades de su pareja y de su pasado (mencionan, entre otras cosas, a una supuesta ex esposa y a varios hijos de dudosa filiación).
Al igual que
Esta capacidad de generar nuevas ilusiones aún en medio de la miseria y el deterioro físico es uno de los rasgos más atractivos de estos personajes.
Cabe advertir que la pieza presenta algunas fallas de dramaturgia en su mitad final donde se agolpan nuevos incidentes que desdibujan el conflicto central y obligan a que la acción se prolongue más de lo necesario. Pero,
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