21 de octubre 2020 - 00:00

Dramática postal de la guerra a la manera de cuento

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Para que el cuento sea un cuento, y no la verdad que cuenta, “La más preciosa de las mercancías” comienza con ese “Había una vez” de los cuentos de Andersen o de los de los hermanos Grimm. Hay una pobre choza, un pobre leñador y una pobre leñadora, una mujer rústica y analfabeta, que penaba por estar sola, por no haber podido tener una hija que la acompañara. Eran tiempos de guerra y habían instalado vías por donde ahora un tren iba y venía. ¿Que lleva? Mercancías, le dijo el leñador. A pesar del hambre y el frío atroz, la pobre leñadora iba a ver pasar el tren de las mercancías y a soñar que paseaba por su interior, sirviéndose y saciándose con todo lo bueno que allí debía haber. A veces veía asomarse una mano, a veces le lanzaban un papel arrugado que guardaba entre su ropa porque no sabía leerlo, pero algo le debía de decir. En uno de esos trenes, “ordenado por la burocracia de la muerte con destino al corazón del infierno” sube, junto a otros muchos como ellos, una pareja que acaba de tener mellizos, una nena y un varón, “ya judíos, ya fichados, ya clasificados, ya buscados”. Sospechando lo que les puede ocurrir, el padre, tras pelearse con su mujer, al ver una campesina lanza por un tragaluz a su pequeña hija. La leñadora cree que el tren de las muchas cosas buenas que le gustaría tener, le regala algo. Cuando recoge el paquete descubre que es una niñita, una bendición del cielo, la más preciada de las mercancías. Así empieza todo, y como en los cuentos hay un ogro bueno que vive en el bosque, y quien le dice que la nena es sin corazón, de la gente “asesina de Dios” que se llevan esos milicianos que andan cazando a los estrellas amarillas. Como en los cuentos, hay una tragedia, una redención, y una moraleja que sirve para impedir que se pierda la memoria del Holocausto.

La fábula de “La más preciada de las mercancías” parte de datos reales: los que se encuentran en el famoso “Memorial de la deportación de los judíos de Francia” establecido por Serge Klarsfeld, y los propios del autor, su abuelo y su padre, llevados por uno de esos trenes nazis, fueron asesinados en Auschwitz. El mayor precedente de este cuento del francés Jean-Claude Grumberg son los del israelí Aharon Appelfeld por contar la Shoa, según Philip Roth, a través de una ficción desplazada y la desorientación de sus personajes. Grumberg cuenta Auschwitz a través de los cortes de pelo que allí hace uno de los protagonistas. Por momentos la historia recuerda “La vida es bella” de Roberto Benigni, pero acaso sólo porque el relato es cinematográfico; eso tiene que ver con que Grumberg ha sido coguionista en películas de Truffaut, Costa-Gavras, Robert Enrico y Marcel Bluwal, entre otros, y ha escrito guiones para la televisión; es director teatral y uno de los dramaturgos franceses contemporáneos con mayor cantidad de obra, y más representados internacionalmente.

=Jean-Claude Grumberg “La más preciosa de las mercancias” (Bs.As., Edhasa, 2020, 97 págs.)

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