18 de octubre 2007 - 00:00

El Colón cierra hoy su temporada con "Elektra"

Mario Pontiggia, régisseur argentinoresidente en las Canarias, tendrá a sucargo la puesta en escena de la óperade Strauss.
Mario Pontiggia, régisseur argentino residente en las Canarias, tendrá a su cargo la puesta en escena de la ópera de Strauss.
Ultimo título de la temporada lírica del Colón «extramuros» (y de la gestión de Leandro Iglesias, que en breve le entregará el mando a Horacio Sanguinetti) hoy a las 20.30 subirá a escena «Elektra», de Richard Strauss, en el Teatro Coliseo. Habrá otras funciones el 21, 24, 26 y 27 de este mes. El protagónico será cantado por la californiana Luana DeVol; dirigirá la Orquesta Estable Stefan Lano, y la puesta en escena será del argentino, nacido en Las Flores y radicado en Las Canarias, Mario Pontiggia. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Qué diferencias encontró entre trabajar en un teatro como el Colón y ahora en el Coliseo?

Mario Pontiggia: En el Colón, independientemente de todos sus problemas estructurales, es un teatro, y hay posibilidades de un trabajo coherente. El Coliseo es un teatro rehecho sobre un teatro viejo, pero la parte de atrás del escenario continúa siendo el viejo teatro, con todos los inconvenientes que ello trae aparejado. Las producciones del Colón pueden aprovechar el espacio al máximo. Nosotros, en el Coliseo, estamos pegados al muro del teatro. No hay para dónde ir. La puesta está hecha en perspectiva, pero no hay dónde pasar. No hay elementos técnicos, este es un teatro que habitualmente hace conciertos y por lo tanto hay que trasladar todo, organizar todo. Yo ya he hecho lo mismo en Montecarlo tres años mientras restauraron la sala. El teatro fuera de sede es posible pero implica un gasto de energía tremenda. No sé si el espectador puede llegar a entender lo que significa hacer ópera fuera del Colón. Hay que luchar con muchas cosas. Hay que montar desde cero y luchar con todo.

P.: ¿Cómo encaró esta «Elektra»?

M.P.: Hay un solo modo de traer a una realidad más cotidiana los rudimentos de la tragedia griega, que es lo mismo que hacer Shakespeare en nuestros días para mostrar la grandeza que encierra « Macbeth» o los grandes mitos. Sófocles modifica a Eurípides, Hofmannsthal, en su libreto para la ópera, modifica a su vez a Sófocles, trae a la protagonista a su contexto social. No son personajes que obedecen a los designios de los dioses sino que son personajes que viven en un contexto bien preciso y las relaciones son absolutamente terrenales, personales, perversas. De ahí es donde viene la famosa relación con el psicoanálisis, del sueño y otras explicaciones afines. Bastaría el mismo procedimiento para analizar Shakespeare, y así Macbeth y Lady Macbeth tendrían las mismas relaciones que Elektra tiene aquí. Concluyendo: esto es teatro puro.

P.: P.: Elektra tiene muchos puntos con la realidad actual.

M.P.: Por eso quise cambiar mi visión, mi lectura de la obra, que no fuera una visión tradicional. Yo ya hice varias puestas de Strauss («El caballero de la rosa», «Ariadna en Naxos», «Salomé») y me siento muy cerca de su estética. Quise interpretar el aspecto humano de los personajes. Yo no quería mostrar la épica. La historia de la pobre Elektra como lectura épica no me interesa pero, como personaje, me parece maravilloso. Hemos trabajado las relaciones con su hermana Crisótemis, que siempre aparece como una pesada y aquí no lo es. Hay también una relación de ambivalencia con el poder y con su madre, Clitemnestra. Hemos tratado de dar humanidad a unos personajes de tragedia.

P.: ¿Elektra actúa como una feminista?

M.P.: No, en absoluto. Está sometida al machismo más acérrimo.

P.: Elektra pretende tomar las riendas de la situación y hacer justicia por mano propia.

M.P.: No es verdad. Ella lo piensa pero no lo hace. Pretende hacer todo pero no lo hace. Espera ocho años a que vuelva Orestes y cuándo él llega se le olvida de entregarle el hacha.

P.: Ultimamente renacieron las críticas contra Richard Strauss por haber tenido simpatía por el régimen nazi. ¿Cuál es su posición?

M.P.: La palabra nazi aparece por primera vez con Goebbels en 1932. Lejos de un Wagner, por ejemplo. Muchos artistas coquetearon con el poder, simpatizaron con los partidos fascistas. Mascagni fue uno de ellos; en los primeros tiempos del régimen de Mussolini hasta Puccini tuvo la carta del partido fascista italiano y después renegó de él. El caso de Strauss es realmente patético. Fue un defensor acérrimo de Stefan Zweig, que era judío. Su propia nuera era judía y pasó las de Caín por ello, por defenderla. Además Strauss salvó a mucha gente del régimen nazi, aunque se crea lo contrario.

Entrevista de Eduardo Giorello

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