La todavía cautivante Virna Lisi se luce como la mater familias de «El día más bello de nuestras vidas», una historia bien contada donde cualquier espectador puede encontrar algo de sí mismo.
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Madres e hijas irán desnudando angustias, en charlas nocturnas, en una discoteca, o en el dormitorio, donde el antedicho marido no puede resistir la franqueza de un cuerpo que ya no es para él. También los hombres tienen sus pesares, sueñan, y se confiesan. La vieja casa guarda voces infantiles, tolera sobremesas cargadas de reproches, y se vuelve luminosa en la fiesta final. Allí todo se ve desde la mirada de la niña, que empieza a entender las penas de amor de sus mayores, y las palabras de Cristo en la catequesis, acerca de la búsqueda de la verdad, y está segura de cómo ha de querer y cuidar a su propia familia, cuando sea grande.
Una sola mentira evidencia la película. Por ahí la abuela habla de cosas comunes
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