Fue raro, es cierto, que Marky Ramone con su banda de punk rock, a la que se sumaron destacados figurones de la movida criolla como «Zorrito» Von Quintero, Iván Noble, Jóvenes pordioseros y Los Violadores, entre otros, ocuparan la semana pasada el escenario del CETC (el Centro de Experimentación del Teatro Colón) para batir parches mientras presentaban una nueva marca de zapatillas. Pero más raro aun fue la aparición, poco después, de un memo interno, firmado por sus máximas autoridades, Horacio Sanguinetti y Martín Boschet, en donde se define a ese acto como «totalmente ajeno a la tradición del teatro y a los propósitos de esta gestión. No fue autorizado, ni siquiera conocido por la dirección. Se analizarán las responsabilidades». El memo en cuestión agrega que «se desautorizará e impedirá la realización de cualquier acto donde se invoque al teatro si no cuenta con la autorización escrita de esta dirección general» y que «no se realizará en los espacios del teatro actividad alguna que convoque público, salvo la autorizada expresamente y por escrito».
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El inevitable interrogante, entonces: ¿quién autorizó este acto cuya realización desconocían las máximas autoridades? El jueves 16 el diario La Nación publicó declaraciones de un «funcionario del teatro» al que no identifica, donde dice: «Estos shows privados son los que permiten recaudar fondos en una temporada donde casi no entra dinero; de hecho, Converse, además de pagar hasta el último gasto, entregó ropa deportiva para todo el ballet». Todo un enigma.
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