Marcel Bénabou y Hervé Le Tellier vinieron a la Argentina
para hablar de OuLiPo, grupo dedicado a inventar nuevas
formas literarias aplicando restricciones lingüísticas y recursos
matemáticos.
"Borges, Cortázar y, nos han dicho Juan Filloy, fueron plagiarios por anticipación del OuLiPo que en los años '60 fundaron en París Raymond Queneau, Italo Calvino y Marcel Duchamp", sostienen los escritores franceses Marcel Bénabou y Hervé Le Tellier que estuvieron en Buenos Aires, en el Malba y en la Alianza Francesa, hablando del OuLiPo, el curioso grupo dedicado a inventar nuevas formas literarias aplicando restricciones lingüísticas y recursos matemáticos. Bénabou, el «secretario definitivamente provisorio y provisoriamente definitivo de OuLiPo», es profesor emérito de Historia Romana en la Universidad de París y ha publicado, entre otras obras, «Por qué no he escrito ninguno de mis libros» y «Jacob, Ménahem y Mimoun: una epopeya familiar». Le Tellier, matemático y lingüista, publicó, entre otros textos, «Los amnésicos no han vivido nada inolvidable», «La capilla Sex-tina», «Ciudades de memoria». Dialogamos con ellos.
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Periodista: ¿Qué es el Taller de Literatura Potencial (OuLiPo)?
Marcel Bénabou: Es un grupo de producción de textos que, sumando conceptos matemáticos y restricciones literaecientementerias, explora los infinitos recursos de la lengua. Es una tentativa de exploración metódica, sistemática, de las potencialidades de la literatura a partir de limitaciones autoimpuestas. La existencia de una forma buscada no se opone a la imaginación; al contrario, la potencia. El soneto, el metro, la rima, han dado los mejores poemas de amor. El escritor lo sepa o no siempre se apoya en reglas, en restricciones. A los miembros de OuLiPo nos gusta definirnos como ratas que deben construir ellas mismas el laberinto del cual se proponen salir.
Hervé Le Tellier: Tres contradefiniciones: no es una escuela, no es un movimiento y no es una vanguardia. Surgió para enfrentar dos ilusiones, la del azar, de la irracionalidad y de la inspiración del surrealismo, y la de la literatura comprometida de Sartre.
P.: ¿Es una logia literaria?
M.B.: Pudo serlo en su inicio, en los años '60, cuando las reuniones mensuales de trabajo se hacían en una salita, hoy las lecturas se realizan en el anfiteatro de una universidad de París a sala colmada. El nombre OuLiPo ha entrado en los diccionarios y figura en las historias de la literatura. Sus obras son usadas en escuelas primarias y colegios secundarios, los talleres de escritura. Hoy hay quienes practican las experiencias de OuLiPo en narrativa policial, en pintura, en el comic, en las más diversas disciplianas artísticas.
P.: ¿Para qué sirve una literatura experimental?
H.L.T.: Para divertir, para descubrir, para explorar lo que no se conoce. para encontrar lo nuevo. Todas las literaturas innovadoras han sido al comienzo experimentales, y luego se banalizaron. Nosotros no nos quedamos en la experimentación por la experimentación, para quedarnos en un molde, seguimos las búsquedas que terminan sirviendo no sólo a la literatura.
P.: ¿Por ejemplo?
H.L.T.: El matemático y escritor Luc Ettiene, luego de ver cuentos, películas y comics oulipianos que habían utilizado el criterio de palíndromo, que se podían leer de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante exactamente igual, traspuso ese principio a poemas leídos. Los dice de forma que al invertir la cinta, en vez de escuchar ruidos extraños o voces del más allá, se escucha exactamente el mismo poema. Esto lo hizo con el laboratorio de fonética de la Universidad de París, y permitió analisis de pronunciación, de notación normal y musical, del reconocimiento cerebral. Ese juego terminó en estudios muy serios. Nuestros «juegos de palabras» han dado lugar tanto a descubrimientos literarios como científicos.
M.B.: Un libro de George Perec, «La disparition» [«La desaparición»; hay una notable versión en español con el título «El secuestro»], entre los muchos opulipianos que escribió, ha quedado como emblemático de la limitación autoimpuesta en el desarrollo de una obra. Yo participé al comienzo. Se trató de escribir un texto, un lipograma, donde faltara una letra, la más esencial del francés, la «e». Perec contó la historia de una desaparición, la de esa letra «e», pero a la vez se podía encontrar dentro de esa novela de enigma, esa proeza narrativa de unas 300 páginas, resonancias de la vida de Perec. El decía: me doy reglas para ser totalmente libre.
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