Con un muy buen trabajo de investigación, sentido visual y valiosas reflexiones, el joven
cineasta José Luis García cuenta la historia de Cándido López y también la del mariscal
paraguayo Solano López.
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Sumando episodios, el autor hace kilómetros y kilómetros, oye a diversos pobladores, encuentra (algo casi surrealista, propio de Sudamérica) los restos de un acorazado brasileño hundido en un bañado, y también (algo indigno, igualmente propio de Sudamérica) los restos de la fundición de Ibicuy, la única que fabricaba maquinaria agrícola en todo el continente, destruida por los ganadores después de la guerra, para que los vencidos no pudieran levantar cabeza, y acaso, según dicen los historiadores lugareños, para que todos tuviéramos que comprarle a Inglaterra.
Una escritora inglesa aporta en ese sentido otra mirada, libre de complejos, y lo mismo hace un historiador argentino, en tanto
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