Los hermanos Ethan y Joel Coen, triunfadores de la noche: con «Sin lugar para los débiles» ganaron en Mejor Película, Dirección y Guión adaptado.
A medida que la Academia de Hollywood se expande en miembros como resultado de su internacionalización (hoy son más de 6.500 los afiliados que votan), el resultado de los premios Oscar empieza a parecerse cada vez más al de un festival de cine, del tipo Berlín o Cannes, antes que al tradicional perfil que solía imponerse en esta ceremonia. ¿Qué tipo de bromas podría haber hecho ayer Bob Hope, por ejemplo, sobre el film ganador «Sin lugar para los débiles», que seguramente apreciará mucho más, cuando se estrene la semana próxima en Buenos Aires, el consumidor del Bafici antes que el gran público?
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El insólito triunfo de cuatro actores europeos en las categorías principales y secundarias también llamó la atención de muchas agencias de prensa, aunque ese también es un dato coherente con esa conformación políglota y de gustos muy variados que representa hoy la base de la Academia. No debería sorprender, entonces, que el llamado cine «indie» (independiente) o de «arthouse» (arte y ensayo) se encarame a los lugares de privilegio, antes sólo ocupados por los estudios «majors».
Es verdad: la oferta existente para la confección de las nominaciones no dejaba demasiado espacio para el Hollywood tradicional, cuyo modelo (por múltiples razones) hace tiempo está en crisis. No es que la Academia dejó de lado películas como «Titanic» o «Gladiador» para inclinarse por productos más minoritarios, sino que la falta de esos «tanques» hizo más fácil la dispersión del voto y la potenciación de su heterogeneidad.
Hace años, la «final» del Oscar era emocionante: hasta último momento no se sabía si «Cabaret» iba a derrotar a «El Padrino», o viceversa. Hoy no es improbable que en aquellas casas de apuestas especializadas en «Oscar polls» que suele haber en el exterior, muchos jugadores (categoría que no suele coincidir con la de los cinéfilos) tengan que leer una sinopsis de los títulos en competencia, para enterarse de qué la van, antes de arriesgar su dinero. En igual sentido, hasta parece un poco ridícula esa gala de lujo y alfombra roja como preámbulo de un cine cuyo espíritu.
La ceremonia
Pese a que Hollywood celebraba sus 80 años de Premios Oscar, hubo anteanoche escaso sentido de «show». Las escenificaciones de los temas musicales fueron más bien anodinos, el arte en clips poco imaginativo, y la celebración del aniversario redondo sólo tuvo un breve homenaje con el veloz repaso, presentado por Jack Nicholson, de las películas ganadoras a lo largo del tiempo. Eso sí: en general, los agradecimientos de los ganadores fueron breves, escuetos (al extremo del seco «Thank You» que repitió en dos ocasiones, con su humor «dark», Ethan Coen), y eso redundó en una ceremonia más breve que lo habitual: no mucho más de tres horas y cuarto, acaso lo que más haya que agradecer.
La animación de Jon Stewart fue «cool», correcta, pero carente de ese espíritu zumbón y festivo que caracterizó durante tanto tiempo a la ceremonia a través de « anchormen» como citado Bob Hope, o más recientemente Johnny Carson, Steve Martin y Billy Cristal. Stewart fue mordaz en sus textos (en los que ironizó sobre temas tan amplios como la huelga de guionistas, los embarazos de las estrellas y la política norteamericana en Irak), pero carece de las espaldas suficientes como para llevar adelante una fiesta como ésta. Su ámbito natural es el de los programas de humor político en la televisión local (aunque casi todos los comentadores norteamericanos ponderaron más su papel de anteanoche que el que tuvo hace dos años). «El Oscar cumple 80 años, lo que lo convierte en el candidato ideal para el Partido Republicano», fue una de sus mejores bromas, al igual que «Si un negro o una mujer van a ser presidentes de EEUU eso quiere decir que un asteroide está a punto de impactar contra la Estatua de la Libertad».
Los ganadores
Los hermanos Ethan y Joel Coen, cuya película «Sin lugar para los débiles» («No Country For Old Men») apenas recaudó u$s 64 millones de dólares en su país, fueron los grandes ganadores de la noche. Además del premio a la Mejor Película y ellos mismos como Mejor Director y Mejor Guión Adaptado, el film se llevó también el único de los premios «cantados» de la noche, el de Mejor Actor de Reparto para Javier Bardem.
La francesa Marion Cotillard, que en su momento tuvo la gran frustración de haber ganado el Globo de Oro y haberse quedado sin fiesta, pudo al fin reivindicarse: derrotó en su rubro a la que preferían los apostadores, Cate Blanchett, y se volvió a París con el Oscar en la mano por su papel de Edith Piaf en «La vie en rose». Daniel Day-Lewis, nacido en Londres y nacionalizado irlandés, ganó el previsto Oscar por «Petróleo sangriento», y la también inglesa Tilda Swinton (el menos esperado del cuarteto de actores) ganó el correspondiente a Mejor Actriz de Reparto por «Michael Clayton» (en realidad, una de las interpretaciones más convencionales que hizo en el cine la notable creadora del papel de «Orlando»).
La comedia sobre un embarazoadolescente, «La joven vida de Juno», estaba nominada en los rubros principales pero sólo se llevó el Oscar a Mejor Guión Original para la exótica Diablo Cody, una ex stripper de 29 años que dedicó el premio a « todos los guionistas» y especialmente a sus rivales de la noche: «Ratatouille», «Lars and the Real Girl», «Michael Clayton» y «The Savages».
Pasó casi inadvertido y tuvo pocos aplausos, pese a que se trata de una película extraordinaria (que no muchos vieron en los EE.UU.) Estrenada en el Festival de Berlín del año pasado, la austríaca «Los falsificadores» («Die FTMlscher»), dirigida por Stefan Ruzowitsky, relata la historia real de un grupo de 139 judíos deportados y reclutados por los nazis para montar una de las mayores operaciones de falsificación de la historia: inundar con billetes falsos las economías británica y estadounidense. Entre 1943 y 1945, las planchas de billetes del campo de Sachsenhausen, cerca de Berlín, produjeron más de 131 millones de libras esterlinas y la elaboración de dólares falsos estaba por comenzar cuando el avance de las tropas rusas obligó a los nazis a transferir el taller a Austria.
El toque frívolo
La lluvia, que se volvió más intensa cerca del inicio de la ceremonia, fastidió lo que para muchos era lo más importante: el desfile de modas. Sin embargo, hubo espacio para el glamour: Helen Mirren llevó un vestido rojo de satén, con un corpiño tableado y plataformas rojas Jimmy Choo. También de rojo llegó Katherine Heigl, en un vestido de Escada. Anne Hathaway impactó con un vestido de espalda descubierta y acentos florales. Cameron Diaz lució un Galliano-Dior: colorido strapless veraniego. Pero el clásico vestido negro fue nuevamente uno de los favoritos. Jennifer Garner llevó uno negro, sin tirantes, de Oscar de la Renta, con joyas Van Cleef y Arpels, y la presentadora Hilary Swank eligió un Atelier Versace con lazo y tul. Penélope Cruz se ganó todas las miradas con un vestido Chanel sin tirantes azul con detalles en pluma. Mientras, Nicole Kidman llevó con glamour un simple vestido negro de satén con cuello en forma de corazón, resaltando su embarazo.
Uno de los pocos vestidos a la rodilla fue el de Julie Christie, de color rojo rubí, complementado con guantes hasta el codo y una extraordinaria cartera valuada en 100.000 dólares de Lana Marks con detalles de piedras preciosas: un rubí y zafiros púrpura. Eso, sin embargo, no la ayudó a ganar el Oscar que esperaba.
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