Al lado de las
masacres
interminables
que imaginaron
los
hermanos
Strause para
«Aliens vs.
Depredador
2», cualquier
antigua
matiné luce un
poco intelectual.
«Aliens vs Depredador 2» («AVPR: Alien vs Predator Requiem», EE.UU., 2007, habl. en inglés) Dir.: Colin y Greg Strause. Int.: S. Pasquale, R. Aylesworth, J. Ortiz, J. Lewis, A. Gade, K. Hager
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En la película anterior, los Predators, raza extraterrestre de cazadores, utilizaban la tierra (más bien la Antártida), para dedicarse a la caza mayor de bichos bien malvados como los Aliens. El resultado era un cazador contento alcanzado por un pichón de alien cuando volvía a casa en su nave espacial llena de trofeos.
Así que esta secuela de secuelas empieza con un tranquilo pueblo de Colorado (debe quedar cerca de South Park, por la profunda estupidez de sus habitantes) que en un mismo día recibe la visita de dos ovnis que se estrellan y explotan sonoramente en sus alrededores sin que ninguna autoridad se dé por aludida. Pronto hay problema de bichos, es decir de Aliens, cazados con la mayor caballerosidad deportiva por un solo Predator -que de vez en cuando se despelleja un terrícola, sólo si molesta mucho-.
Con tanto marciano suelto, los habitantes del pueblito de Colorado casi no tienen tiempo de ser presentados debidamente en el guión. Algunos tienen un solo diálogo que podría darles un lindo lugar en la historia, y sin más son engullidos por uno de esos engendros que tanto complicaban las rutinas espaciales de la teniente Ripley que inmortalizó Sigourney Weaver. Pero cuidado: al Predator a veces también se le escapa una estrella ninja-marciana que puede partir el cráneo de alguna señorita arruinando cualquier trama romántica.
En síntesis, la premisa de un pueblito montañés convertido en campo de batalla extraterreste es una auténtica sobredosis de super acción, y no precisamente ese tipo de película que ciertos cronistas cinematográficos solían llamar «un canto al amor y la amistad». La masacre no para nunca, al punto de que en las pocas escenas que los terrícolas están sin marcianos, también se las arreglan para agarrase unos a otros a patadas.
Los hermanos Strause parecen haber concebido el film como para que a su lado cualquier antigua matiné luzca un poco intelectual.
De esto saben bastante, tanto el director de fotografía Daniel Pearl (el de la «Masacre de Texas» original, y también de su remake) y el productor ejecutivo Walter Hill, uno de los últimos nombres de peso con franquicias de una lista que alguna vez incluyó el talento de gente como Ridley Scott, James Cameron y John McTiernan.
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