ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

7 de junio 2009 - 19:27

«Haroldo Conti, Homo Viator»

ver más
Darío Grandinetti encarna al escritor desaparecido en 1976 en «Haroldo Conti, Homo Viator», semidocumental de Miguel Mato al que no le interesa hablar de su muerte sino de su obra y su personalidad.
«Haroldo Conti, Homo Viator» (Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: M. Mato. Guión. M. Mato, E. Spagnuolo. Int.: D. Grandinetti, M.a Yovino, C. Santamaria, familia y amigas de H. Conti.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Elogiable retrato de Haroldo Conti

Nacido el 25 de mayo de 1925 en Chacabuco, el escritor Haroldo Conti fue secuestrado el 5 de mayo de 1976 en su casa de Villa Crespo, y nunca más se supo. Como era profesor de secundaria, el Ministerio de Educación le fue poniendo falta, y en 1979 lo declaró cesante por abandono de tareas. Su casa, alguien la vendió con un poder falso, y ahí quedó. La película de Miguel Mato que ahora vemos no se molesta en contar esos detalles. No le interesa hablar de su muerte, sino de su obra y su personalidad, y lo hace de un modo realmente elogiable.

Primero, hay una historia breve de su última noche, cuando salió de ver «El padrino II» y se fue caminando a casa con la mujer, elogiando a Coppola. De inmediato, una historia extendida. Sale de ver la misma película y se va a Chacabuco, mira el solcito, el camión aguatero, los lugares que lo inspiraron, el álamo carolina, y esas imágenes, con las consecuentes descripciones literarias, donde el escritor es encarnado por Darío Grandinetti, se entremezclan con los testimonios de Lidia Conti, la hermana, que evoca juegos infantiles y discursos escolares, las amigas del pueblo y del Delta, que fue uno de sus paraísos, el amigo que sabe en qué vecinos se inspiraba para inventar sus personajes, la alumna que luego fue su segunda mujer, dos ex alumnos inesperados (Tom Lupo y el director y editor César DAngiolillo), y los tres hijos. El más chico, que tenía entonces apenas tres meses, describe la imagen que se hizo del padre. Con los mayores, el realizador combina recuerdos, textos del padre, y películas caseras, todo elegido con mucho acierto, como para dar una idea bien ajustada de cómo era ese ex seminarista que se autodefinía en latín hombre viajero, aunque en verdad viajaba solo a dos lugares: su ciudad natal, donde halló solaz, y Cuba, por lo que halló la muerte.

El necesario aporte político lo hacen Rodolfo Matarollo, que lo describe como simpatizante del PRT, no como militante (sólo escribió algunas adhesiones, rechazó una beca, y ocultó algunos fugitivos) y Rogelio García Lupo, que habla con la debida distancia y reflexión. Otros buenos hallazgos son la propia voz de Conti, y unos fragmentos alusivos de un film cubano, adaptación de «Mascaró, el cazador americano». Beneficios del cine, esa película es decididamente mala, pero los fragmentos están bien puestos, y potencian el sentido de la que aquí vemos.

En cuanto a Grandinetti, que antes encarnó a Fangio y a Gardel sin parecerse para nada al Chueco ni al Zorzal, acá en cambio se parece un poquito, o digamos que tiene cierto aire a Conti. La voz de este último, sin embargo, sonaba más ágil.

P.S.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias