El narcisismo de exponerse en Internet es la base de la muestra «Amor de mí», de Santiago Iturralde, en la galería Appetite.
El joven artista Santiago Iturralde abre la muestra de pinturas «Amor de mí», que se exhibe hasta fines de diciembre en la galería Appetite, con una cita del poeta Ovidio (43 a.C.). Los versos, tomados de «La metamorfosis», dicen: «Este yo soy. Lo he sentido y no me engaña a mí imagen mía: me abraso en amor de mí, llamas muevo y llamas llevo». Las pinturas de Iturralde, unos retratos signados por la contemporaneidad y el nomadismo entre las nuevas tecnologías y la pintura, indagan la condición humana a través de las «autofotos» que se encuentran en diversos fotologs. Se trata de un sitio gratuito de Internet, de creación reciente, poblado por una comunidad de jóvenes que diariamente suben sus propias fotos y conforman una antología de imágenes.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los personajes del fotolog, como Narciso, cuando se inclina a beber en una fuente y se enamora de su imagen reflejada en el agua, se miran a sí mismos, pero a la vez son mirados a través de ese espejo que es la pantalla. Iturralde subraya en sus pinturas las actitudes narcisistas, los retratados miran al espectador y buscan ser mirados -pues de eso se trata este juego-, con la clara intención de atrapar la atención, sorprender o seducir, mientras se insinúan o permanecen expectantes. Esta actitud frontal y en cierto modo descarada de los retratos, notable incluso en los rostros menos expresivos, es la que define la densidad e intensidad de la muestra. El deseo de mirarse y ser mirado es tan ostensible, que resulta perturbador.
El montaje de los retratos, unos junto a otros a la manera de un friso, configura un muestrario humano que provoca una sensación abrumadora. El espectador, cual un voyeur, se encuentra cara a cara con esa mezcla de vulnerabilidad y de osadía. El autorretrato, y todo lo que conlleva en cuanto a la exacerbación del individualismo y a la carga subjetiva de quien se representa a través de su propia mirada, es un viejo tema pictórico que recobró vigencia con la fotografía de estas últimas décadas y determinó la reaparición del sujeto en el arte.
Si bien la fotografía permite representar la realidad con mayor verosimilitud que la pintura, también posibilita al sujeto pensarse y representarse a sí mismo de determinada manera, elegir la pose, los gestos, los colores de la ropa e insertarse en un contexto que puede estar estetizado o idealizado, trucado o modificado. Iturralde explora el universo engañoso de las apariencias. Se interna en el campo cada vez más expandido de la fotografía, y se apropia de las «autofotos» de desconocidos para pintarlas con óleos, esmaltes y barnices. Así, sus pinturas están llenas de los reflejos de las pantallas, los rostros, iluminados por una niebla de tonos iridiscentes, azulados o verdosos, y los ojos tienen el brillo húmedo de la luz artificial.
Desplazamiento
El desplazamiento de las imágenes hacia la pintura, de lo tecnológico a lo manual, cobra sentido frente a la sensualidad de las telas, pues hay cualidades que sólo se perciben ante los cuadros. Iturralde cuenta que el carácter de su obra «no tendría valor sin la emoción táctil de las suaves capas de pintura superpuestas, mezcladas, borradas, chorreadas». Esta pasión sensorial por lo pictórico, y el amor por el cuadro como objeto «único y revelador», se corresponde sin embargo con la que le suscita el vértigo tecnológico de las pantallas.
Iturralde pintó en 2004 la serie «Emociones. Pantallas de TV sobre tela», un conjunto de imágenes que seleccionaba haciendo zapping y que lo atraían por su belleza. Es decir, es un representante de la cultura de la imagen y avezado pintor, que ha pasado de la ficción de la TV a retratar una comunidad cibernética que, como Narciso, que abismado por su propia belleza e indiferente ante quienes lo aman muere ahogado tratando de abrazar su imagen, proyecta sus deseos en ese espejo digital que es la pantalla.
«Narciso se fotografía en el baño, en la playa, en el balcón. 'Postea' su adorado rostro con fondos difusos o paisajes exóticos; hace un comentario, espera. Se saca otra foto, y espera», concluye finalmente el pintor de la vida artificial.
Dejá tu comentario