6 de julio 2009 - 14:53
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Los portaligas se dejaron ver en el desfile
La colección es una demostración de la excelencia del trabajo de los talleres de la casa y defiende una elegancia total, a la que John Galliano aporta un toque sexy: sus modelos "olvidan" a muchas veces la prenda para dejar ver un corsé, un corpiño, un portaligas o sofisticadas medias.
Una chaqueta fucsia bordada se combina con un portaligas, zapatos y sombrero.
John Galliano juega con la ropa interior-exterior, proponiendo corsés enlazados negros o color carne, a veces lucidos sobre el vestido, combinaciones cuyo encaje sobrepasa el ruedo de la falda o enaguas de tul bordado.
La transparencia de un vestido negro de busto bordado con flores violetas deja adivinar un portaligas, la muselina de un largo vestido blanco disimula apenas un corsé.
La elegancia es mucho más recatada en la colección de Stéphane Rolland, que propuso vestidos-túnicas o largos vestidos de hombros marcados en tonalidades suaves de negro, blanco, gris perla, beige. Las prendas se adornan con dibujos geométricos en relieve o aplicaciones que evocan mosaicos.
Gamas de grises forman olas en vestidos cortos, los escotes estrictos de los vestidos largos se adornan con recortes. Pliegues y largas mangas transparentes les aportan suavidad.
Stéphane Rolland afirma haberse inspirado en el "trabajo de las curvas, el movimiento y la distorsión" del escultor Richard Serra y del arquitecto Karim Rashid.
La colección hace hincapié en "el juego de volúmenes y de la luz", con bordados en un solo tono. "Quería una colección suave y sutil", declaró el modista.
Alexis Mabille, por su parte, sedujo con un vestuario para jóvenes suaves: delicados vestidos rosas o celestes, transparencia, bordado, encaje y plumas de avestruz: aunque el invierno sea frío, la levedad se impone.





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