Se trata del gerente, nada menos, que ahí está, bien trajeado, cumpliendo su horario y su labor en su escritorio, con sus papeles, donde sigue haciendo anotaciones, su teléfono, por donde habla aunque no tenga línea, y la mercadería a su cargo. Para él, todo funciona normalmente. Se ha hecho una realidad paralela y punto.
Porque a esta altura, él ya está aceptando también el contagioso entusiasmo del gerente. Esto existe, esto funciona. Aquí me siento mejor que en casa. Esperen nomás, que se enteren la televisión y los muchachos.
Dejá tu comentario