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30 de marzo 2006 - 00:00

"La era del hielo 2"

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La ardillita Scrat, vedette de «La era de hielo 2» y presumible protagonista de futuras películas propias.
«La era de hielo 2» («Ice Age: The Meltdown», EE.UU., 2006; Dobl. al mexicano). Dir.: C. Saldanha. Guión: J. Vitti. Film de animación digital.

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Tres años después de su primera parte, la inevitable secuela de «La era de hielo» demuestra evidentes progresos técnicos, un guión más homogéneo, la estelarización de algunos personajes estrella (como la ardillita Scrat), y un tono general que, a diferencia de su predecesora, apunta algo más a interesar, con su humor al público adulto que acompañe a sus hijos al cine, con la posibilidad de que a los chicos, sobre todo los de menor edad, se les escapen algunos cuantos de los chistes o alusiones de doble sentido.

Esta producción de los estudios Fox, de esa forma, se alinea con la tendencia general de algunas de las divisiones de animación digital rivales, como Pixar y Dreamworks, apuntando a una técnica cada vez más desarrollada (en el caso de «La era de hielo» es realmente sensible el avance de diseño entre el primer film y el actual) y, al mismo tiempo, a un humor más «transversal» en cuanto a edades.

El ejemplo más claro sobreviene con el paso de comedia protagonizado por el conocido mamut Manny, a quien en esta continuación le aparece una compañera sentimental, y a la que debe convencer de dos cosas: primero, que ella no es una zarigüeya (fue criada con ellas y cree ser una de la especie), y después que, siendo -como creen hasta entonces- que son los dos únicos mamuts sobrevivientes en la tierra, no estaría nada mal apurarse a poner en práctica la multiplicación...

Algunos de los conocidos héroes de la primera parte reaparecen fortalecidos aquí, como el perezoso Sid y el tigre diente de sable Diego, pero otros desaparecieron en el arcón de los recuerdos (como el malvado Soto, quien ya fue para allá). Ellos, junto con nuevos pobladores de la era glacial (depredadores marinos, un buitre amenazador, etc.) deben enfrentar el gran peligro que le da unidad al film: la proximidad de una catástrofe, el deshielo, que arrasaría con toda forma de vida. Claro, tanto en las glaciaciones prehistóricas como en la Buenos Aires actual, hay buscavidas que no dejan de aprovechar la posibilidad del desastre, y se ponen a vender alguna forma de salvavidas por unos pocos dólares.

Los personajes son atractivos aunque no llegan a alcanzar, en general, la misma simpatía de congéneres suyos como los de «Madagascar» o los de, en general, los surgidos de las factorías Disney. Aunque esto tal vez también se deba a la estructura misma del libro, que se interrumpe como en bloques de televisión para dar lugar al lucimiento de la vedette de la película, la ardillita Scrat, verdadera solista de la película y presumible protagonista de algún futuro largo propio. Ya tiene amplias posibilidades de derrotar por KO al resto de la fauna.

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