ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

5 de septiembre 2007 - 00:00

"La velocidad funda el olvido"

ver más
Tras haberse lucido como productor de películas de otros, Marcelo Schapces debuta como director con un film con algunos buenos climas, pero extravagante e incoherente.
«La velocidad funda el olvido» (Argentina-España, 2006, habl. en español). Dir.: M. Schapces; Guión: J. Cardoso, P. Hidalgo, P. Romero Levit, M. Schapces; Int.: N. Mateo, L. Luque, M. Larralde, U. Blanco, C. Vallejo, M.L. Cali, G. Mazza.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Tiene varios momentos muy atractivos este film de Marcelo Schapces, por ejemplo el accidente de un camión cisterna cargado de combustible, cerca de un niño, el encuentro en la noche con gente que ha vivido otro tipo de accidente, y hay un animal agonizando, al que reconocemos de a poco, el propio comienzo, que ya da la pauta del pozo de locura en que se encuentran los personajes, y, en particular, el diálogo donde el padre da a su niño unas instrucciones muy concretas para cometer sabotajes, vivir en la clandestinidad, y suicidarse con una pastilla. El hombre habla convencido, exaltado, y a la vez dolorido, porque tiene presente lo que le pasó a un amigo cuando llegó el momento. El chico, mientras, lo sigue con atención, admiración, y un poquito de espíritu lúdico.

A su vez, el chico es mirado, o recordado, por sí mismo, ya grande y ajeno, en esa circunstancia y en otras peores, de fuertes discusiones familiares. Ese muchacho ya grande deja de admirar y acompañar a su padre, que, tratando de evitar lo inevitable, se obsesiona en conservar y catalogar hasta la última minucia de un recuerdo inútil, o de un objeto cualquiera que le permita una ilusión de estabilidad. Un día, agobiado por esas obsesiones del padre loco, el joven rompe con todo y trata de hallar algo, que quizá sea su madre, o un lugar donde su madre fue feliz, del otro lado del océano, tarea que no le será fácil. «Hubo una vez un mundo perfecto. Hasta que se rompió en pedazos para siempre», sintetiza al comienzo. «Los muertos somos gente difícil», más o menos bromea el padre al final. Lo que hay entre medio, no corresponde decirlo, porque forma parte del misterio que ofrece la narración, pero, francamente, tampoco podríamos decirlo, porque es un misterio muy enredado, bastante gritado y lleno de antojos, como si cada uno de los cuatro guionistas que tuvo el film hubiera querido imponer, aunque sea en una escena, su entero gusto y su particular interpretación del asunto, a despecho del conjunto. De ese modo, el film entremezcla buenas alusiones a la locura de los '70 en Argentina, referencias literarias bien sugeridas, dispares elementos del género fantástico gallego (algunos de calidad, otros medio inconsistentes), irregularidades en la puesta en escena, y muchas situaciones carentes de lógica interna, o de vínculo concreto con el resto del film. De ese modo, y a pesar de algunos buenos climas, la obra termina pareciendo más larga que coherente, y con más extravagancia que consistencia.

Este es el debut de Marcelo-Schapces como director de ficción, tras haberse lucido como productor de «Un día de suerte», «Soy tu aventura», «Como pasan las horas», y otros films dignos de mérito. Para otra vez, aunque menguada, cabe renovarle la confianza.

P.S.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias