Diálogo con el prestigioso artista de la fotografía mexicano que expone hasta fin de mes su primera muestra en el país, "En mi camino", en la galería Hoy en el Arte
Manuel Morquecho, fotógrafo mexicano que expone en la galería Hoy en el Arte
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Hasta fin de mes puede visitarse en la galería Hoy en el Arte (Juncal 848) “En mi camino”, la primera exposición del prestigioso artista de la fotografía mexicano Manuel Morquecho, que se está radicando en nuestro país luego de una prolongada estancia en Washington.
“Quise mostrar una selección de mis quince años de trabajo con la fotografía a través de obras correspondiente a distintos proyectos, y que incluye fotos del último ‘Revolución’, cuyo título no tiene que ver con la política, o al menos con el sentido tradicional”, explica Morquecho a este diario en nuestra larga conversación.
“Sí tiene que ver con cambios internos, y con el efecto de tantos otros cambios en el mundo, en las costumbres, en los roles del hombre y la mujer", prosigue. "El mundo está cambiando precipitadamente y también cambia uno con él. Yo vengo de un país machista como México y ahora tendremos una mujer presidente. También los Estados Unidos la puede tener. Esos y tantos otros cambios eran inconcebibles hasta no hace mucho, y yo me propuse reflejarlos en este proyecto”.
Las imágenes de Morquecho ejercen una seducción hipnótica sobre el contemplador. Aunque realistas, en muchos casos transportan al mundo de lo fantástico, de lo onírico: un tránsito que lo hermana con el cine, al igual que su extenso y laborioso trabajo con los modelos humanos para obtener la imagen precisa. Así como Flaubert hablaba de “le mot juste” (la palabra justa), Morquecho, como explicará en el curso de este diálogo, es capaz de abandonar el trabajo con un modelo, más allá de su belleza física, si no se produce la conexión deseada para obtener la imagen justa.
El texto de presentación señala que Morquecho “revela un trabajo que está en un proceso de transformación continuo tanto personal como artístico, muy parecido a un niño que ve el mundo de nuevo. La línea de ojos pasa de las sombras y matices de gris al Oz del tecnicolor. “Mi fotografía me permite desahogarme de una realidad imposible de cambiar”, afirma. Al igual que "El dolor es universal, pero también lo es la recuperación".
“Mi madre tenía una enorme caja repleta de fotografías en blanco y negro”, evoca al comienzo del diálogo. “De allí seguramente proviene mi preferencia del blanco y negro, o el sepia, sobre el color. Eran fotos muy antiguas y yo me transportaba a esas épocas. La belleza de esas imágenes que vi de niño nunca me abandonaron. Luego fueron las revistas, las fotos que aparecían allí, todo ese mundo me fascinaba, aunque ni soñaba yo entonces con dedicarme a la fotografía”.
Morquecho divide su producción en series, a las que denomina Proyectos, y que van desde las Escenas de Calle a los Retratos, Oscuridad, la mencionada Revolución, Paisajes y Abstracto, entre otras. Un apartado especial lo ocupan las figuras con alas, cuya puesta en escena, cargada de un simbolismo profundo, se cuentan entre las más peculiares —y, una vez más, hipnóticas—, y que son algunas de las que más tiempo le insumen.
“Yo me independicé temprano, a los 17 años”, continúa el artista, proveniente de una familia trabajadora y numerosa. “México es un país muy machista, mi padre lo era, y me decía ‘si quieres calle, pues calle’. Y me fui a Sonora, al norte, casi en el límite con los Estados Unidos. Allí hice el servicio militar, con 45 grados a la sombra. Nos dejaban horas en el sol y veíamos cómo caían los chicos. Luego pude empezar con lo fotografía, pero alternando mi tiempo mientras trabajaba para sobrevivir. Empecé con fotografía análoga, es decir, en celuloide, que era lo habitual. El cuarto oscuro, la luz roja, los químicos, era un mundo fascinante”.
“Mi carrera propiamente dicha comenzó en Guatemala", prosigue. "Yo ya vivía en Washington, donde conocí a mi pareja, pero más tarde a él lo trasladaron a Guatemala y yo lo acompañé. En ese país me inicié seriamente en la fotografía, con maestros profesionales. Me di cuenta de que había empezado mi tiempo. Era 2009, ya la época de la época digital. Recuerdo una primera exposición que hice, sólo para un círculo de amigos, una Navidad, que resultó un éxito”.
Sus comienzos tuvieron que ver con la llamada fotografía de calle, retratos, desfiles de moda, “lo que todavía hago en París o Nueva York porque me encanta. Son modalidades diferentes que tienen sus propias exigencias. Las fotografías de calle se imponen: hay que capturar el momento, lo que está pasando. El retrato lo creo yo”.
En “En mi camino” pueden verse algunos desnudos artísticamente trabajados, otra de sus especialidades. Él lo relata de esta forma: “Poco después, todavía en Guatemala, empecé con el desnudo, que permite una creatividad inmensa. Pero cuando regresé a Washington me encontré que debía tapar a los modelos por respeto a las diferentes religiones. Había competencias de fotos que no aceptaban desnudos. Eso me traumó un poco porque yo estaba acostumbrado a trabajar con ellos. Entonces debí sujetarme a esas exigencias, pero respetando mi línea de trabajo”.
La preparación de cada fotografía requiere una explicación, que Morquecho da de esta forma: “Primero la concibo, la imagino, y cuando la estoy ejecutando empiezan a salir cientos de ideas diferentes; entonces sigo, no me detengo, y aparecen otros proyectos. Yo siempre necesito preparar al modelo, que se relaje, que entre, y si no hay conexión conmigo no hay foto posible. Esa conexión es más importante aun que la belleza del modelo o la modelo. Hay una de mis obras más importantes, ‘La piel de los ángeles’, que me llevó meses de preparación. El modelo se sentía muy arrogante y yo decía que, de esa forma, era imposible fotografiarlo. El cuerpo era perfecto, pero el pensamiento y el alma no estaban allí”.
La base de este método, como señalábamos al principio con respecto al cine, se entiende en sus palabras: “El retrato de alguien no sólo capta su cuerpo sino su alma, y eso es lo más importante para mí. Cada vez que me contratan para un trabajo, me impongo una tarea compleja. Con algunos es muy fácil, si son amigos o gente con la que ya trabajé. Pero con los nuevos no; necesito convivir; ir a comer juntos, salir a correr, conversar. Es, reconozco, una tarea que puede ser desgastante, pero es la que me da los mejores resultados artísticos.”
Y continúa: “La etapa de la foto en sí, cuando considero que están preparados, tiene otras exigencias. Les pido que traigan ropas distintas para que se cambien, se relajen, empiecen a sentirse cómodos ante la cámara. Y cuando ya lo están empiezo a tomar las fotografías hasta llegar a la que quiero, que coincida con la que pensé, soñé, imaginé. Desde luego, a veces no sale exactamente lo que estoy buscando, pero quizá sí algo mejor, y bienvenido sea.”
El humo y los retratos alados son dos de los temas que llaman la atención en sus imágenes. “El humo es importante en mi obra”, reconoce. “Son retratos, por ejemplo, de fumadores, que en algún caso tienen el rostro medio oculto por el humo. También incorporo el humo de las ciudades, de las calles. El humo crea un ambiente muy particular en la fotografía”.
En cuanto a los seres alados medita un momento antes de responder: “Ese es un proyecto singular. Yo trabajo mucho con mis sentimientos y con lo que está pasando en mi vida. Combino la realidad con la fantasía. El de las alas fue mi segundo proyecto, antes estuvo ‘Buscando un camino’, después vino ‘La piel de los ángeles’."
“Pues bien”, continúa “ese proyecto nació cuando yo descubrí un secreto de familia, un secreto doloroso, y yo necesitaba expresarlo en mi obra de alguna forma. Hay muchas veces en las que uno no puede compartir con nadie ciertos secretos, propios o de los demás. Entonces recurrí a las alas. Se supone que las alas son blancas, pero en mis fotos las alas se van tiñendo, se vuelven grises, representan un peso. Ese peso que llevamos a las espaldas y al que debemos cargar.”
Le comentamos que, en nuestra jerga, solemos llamar “mochila” a esas alas. “Sí, lo sé, así como en México, y también acá, se habla de una cruz muy pesada. Ese fue un proyecto importante. Otro fue Darkness, Oscuridad, que nació de una situación familiar complicada, cargada de problemas psicológicos. Situaciones que escapaban a mi control. Todas las imágenes que corresponden a ese proyecto son negras, porque así me sentía yo, en medio de la oscuridad.”
Le preguntamos si esa etapa también podría aplicarse a los años de la pandemia pero responde que ese momento fue de otro orden: “Esa fue un momento muy especial, tengo mucho hecho sobre la pandemia. Pero nunca permití que se colara la política en mis fotos, pese a que la política tuvo un papel fuerte en ella. Pero yo no le di lugar. Durante la pandemia me fotografié yo solo. Estaba en Washington y era como si la ciudad estuviera desierta para mí. Yo salía a correr todos los días.”
Como legítimo artista, Morquecho le rehúye al retoque, a la post-edición digital de sus imágenes. Lo rechaza con energía: “Modificar una foto le hace perder la esencia, es lo que decíamos antes sobre el alma que está en la foto. A veces, en especial cuando la foto es en color, la limpio un poquito si es necesario. Sobre todo, en desfiles de modas porque tienen que estar impecables. Pero cuando es una obra de arte es lo que es. Jamás, por ejemplo, le quitaría arrugas a un rostro. Las arrugas pueden dar belleza. ¿Cómo se las voy a quitar?”
“Morquecho” —agrega el texto de presentación de la muestra— “siente que llegó tarde al mundo artístico; sin embargo, según los estándares más creativos no existe un cronograma para que florezca una voz tan única. Desde cualquier forma de medición, estos logros fotográficos se mantienen firmes y sólo “terminarán cuando los latidos de su corazón se detengan” como enfatizó el artista.”
Entre sus múltiples exposiciones, tanto individuales como colectivas, se cuentan las de Onishi Gallery (Nueva York), Boston University Center for Digital Imaging Arts (Washington D.C), “Parallax Art Fair” (Londres), “Espace Vision´Art” (Paris), y The Contemporary Art Collectors Online Exhibition “Beyond Utopia: Visions of a Perfect World”.
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