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18 de diciembre 2007 - 00:00

"No podemos hacer un teatro del que debe ocuparse el Estado"

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Carlos Rottemberg: «En los últimos quince años se profundizó la menor difusión del buen espectáculo y se amplió la cobertura de los pasatistas».
Se cumplen este verano 30 temporadas teatrales ininterrumpidas de espectáculos (más de 150) producidos por Carlos Rottemberg en Mar del Plata. En 1975, con 18 años y recién egresado del secundario, Rottemberg comenzó como inquilino del teatro Ateneo de Buenos Aires, y dos años más tarde desembarcó en Mar del Plata.

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«Parece mentira que ya pasaron 30 años desde que alquilé un primer piso abandonado donde había funcionado el restorán 'La marmita'. Fue ahí donde construí, como pude, con sillas y calor -no existía refrigeración ni butacas- mi primer teatro en la costa», dice Rottemberg a este diario. «Lo que ocurrió allí fue más exitoso, según mis recuerdos, que lo que vino después con la época fuerte. Quizá se deba a que nunca imaginé el éxito que lograría en el ex-Marmita».

La primera obra que presentó fue «Equus», en una sala que en pocos meses pasó a llamarse Teatro Corrientes, con unas 350 butacas. Luego llegó «Pijama de seda» con Susana Campos y Rudy Carrié, que marcó la primera temporada de Rottemberg en la costa. Fiel a su premisa de reinvertir los ingresos teatrales en el fortalecimiento de su futura empresa, durante el verano siguiente comenzó la construcción de la segunda sala en el salón lateral derecho de «La marmita», que llamó Teatro Corrientes 2.

«Tuve siempre la ventaja de escuchar a mi viejo, un industrial que repetía, 'Lo que entra en la empresa, se reinvierte en la empresa'. Recuerdo que andaba en un Fiat 600 y no entraba porque era gordo y mi mamá me decía, 'no cambies el coche, adelgazá, pero primero la empresa'. Me había ido a vivir con Linda Peretz, mi mujer, a un departamento alquilado, y seguíamos viviendo así mientras yo compraba teatros. De lo que me nutro es de poder seguir construyendo edificios teatrales porque soy un convencido de que son el primer eslabón de todo el proceso. Siempre dije que las 3 aristas del teatro son la comercial, la independiente y la pública, lo que el empresario no hará le corresponde al Estado».

  • Cautela

  • Cuando se le pregunta su expectativa con la gestión cultural en la ciudad con Mauricio Macri, es cauto: «Prefiero esperar, no me gustaría abrir juicios de valores como ya ocurrió, si todavía no se pudo ver nada de lo que va a hacer. Lo que sí puedo decir es que comulgo con la mayoría de las cosas que hace el Gobierno Nacional a nivel cultura».

    Presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales, Rottemberg asegura que la mejor época del teatro marplatense en cuanto a público fue durante el período democrático entre 1983 y 1987, cuando fue notable la curva ascendente. Lo atribuye a que muchos artistas no habían podido trabajar durante la dictadura y reaparecieron.

    «La temporada 1987 fue el récord histórico en Mar del Plata que aún no pudo superarse. También es cierto que para hacer balances serios hay que remontarse a principios del siglo pasado, cuando iba más gente al teatro. Eso fue hasta 1950, cuando llegó la TV».

    Algunos títulos emblemáticos que pasaron por las salas marplatenses durante los primeros años fueron «Made in Lanús» con Luis Brandoni, Marta Bianchi, Leonor Manso y Patricio Contreras, «Taxi» con Carlos Calvo y Ricardo Darín, «Segundo tiempo» con Leonor Benedetto y Arnaldo André, «El viejo criado» con Luis Brandoni, Marta Bianchi, Jorge Rivera López y Alberto Busaid, «La zorra» con Alberto Closas y Leonor Benedetto, «Locos de contentos» con Oscar Martínez y Mercedes Morán, «Fiebre de Heno» con China Zorrilla, «Cena de Matrimonios» con Alberto Closas y Susana Campos, «Eva y Victoria» con China Zorrilla y Luisina Brando, «Cena para tres» con Arturo Puig y Selva Alemán, «Juguemos al Rummy» con Osvaldo Terranova y Elsa Berenguer, «Una rosa de dos aromas» con Bettiana Blum y Dora Baret, entre otras.

    En su carácter de productor, Rottemberg fue tomando distintos teatros para presentar espectáculos más pasatistas: «El Negro no puede» con Alberto Olmedo y Javier Portales en el Neptuno, «Brujas» con Thelma Biral, Nora Cárpena, Susana Campos, Moria Casán y Graciela Dufau en el Atlas, «Con Tolengo y Calabromas desde el niño hasta la nona» con Juan Carlos Calabró en el Lido, «Chispas» con Thelma Biral y Nora Cárpena en el Astral, «Potiche» con Mirtha Legrand, Juan Carlos Calabró y Juan Carlos Mesa en el Atlas, «Popeye y Olivia» con Víctor Laplace y Linda Peretz en el Tronador.

    Rottemberg elaboró una suerte de autocrítica por el exceso de pasatismo en teatro y también se quejó del poco espacio que tiene el teatro «pensante» en los medios: «La gran diferencia entre mis primeros diez años de trabajo y la época actual es que la oferta teatral era más amplia. Pero, sobre todo, noto que en los últimos 15 años se profundizó la menor difusión del buen espectáculo y se amplió la cobertura de los pasatistas. Es notoria la diferencia de llegada al público, a través de los medios, que tiene un Alfredo Alcón o una Nazarena Velez. Antes convivían la revista porteña, símbolo de Buenos Aires, con el espectáculo pasatista y también el pensante. Si bien actualmente eso está, siento que tanto se habla de políticas culturales pero se hace poco, antes se hablaba menos y había mas. El contrasentido es que, cuando la gente inteligente que hace medios tiene que ponderar, elige el buen teatro, pero cuando hay que difundir, queda detrás de la revista con la Vélez. Pero el teatro en la Argentina es maravilloso porque, pese al problema de la difusión, el ámbito independiente siguió creciendo», remarcó Rottemberg.

    Habían pasado quince años del desembarco de Rottemberg en Mar del Plata, con tres salas en Capital (dos propias), cuando decidió destruir aquellos Corrientes 1 y 2, una vez adquirido el inmueble y, anexando su planta baja, lo convirtió en una sola sala con 700 localidades, y dos más chicas. En la sala mayor inauguró la temporada con «Salsa Criolla» de Enrique Pinti.

    Con la construcción del Teatro Mar del Plata hace 5 años y el slogan «Algo está cambiando... ahora los estacionamientos se convierten en teatros», concretó su intención de revertir lo que repetía cada verano: que donde estacionaba su auto (sobre la avenida Luro) para ir a sus pequeños Corrientes 1 y 2, quería ver surgir al teatro más grande de la ciudad. Más de una década reiteró esa idea y en 2004 construyó el Teatro Mar del Plata, con 1100 butacas. Es patrimonio cultural de la ciudad y tuvo el debut de «Taxi», con Carlos Calvo y Fabián Gianola.

    «Cuando empecé en esto, a los 18, leía sobre la supuesta crisis del teatro y más tarde me amargaba con las notas de teatros que se convierten en estacionamientos, luego en bingos, en iglesias, etc. Creo que algo hice al respecto al convertir un estacionamiento en teatro. Pero también entendí la necesidad de llenar espacios y ser tremendistas: las mismas notas que se publicaban en los períodos de receso en Capital, entre octubre y marzo, anunciaban «Crisis del teatro», mientras desde abril hasta septiembre se hablaba del «Boom del teatro». Me acuerdo una tapa de «Gente» que titulaba «El teatro está de onda», pero lo cierto es que el teatro, no goza nunca de excelente salud pero mucho menos está en terapia intensiva, como tantas veces se quiere hacer creer».

    Entrevista de Carolina Liponetzky

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