29 de noviembre 2005 - 00:00

Pearl Jam fue la revancha del grunge en Buenos Aires

En contraste con la indiferencia con que fue recibido Nirvana en los 90, el sucio y potente rock de Pearl Jam consiguió llenar Ferro dos noches seguidas.
En contraste con la indiferencia con que fue recibido Nirvana en los '90, el "sucio" y potente rock de Pearl Jam consiguió llenar Ferro dos noches seguidas.
Pearl Jam. Con S. Gossard ( guitarra), J. Ament (bajo), M. McCready (guitarra), E. Vedder (voz y guitarra), M. Cameron (batería). ( Estadio Ferrocarril Oeste, 25 y 26/11.)

Con Pearl Jam en Ferro, el grunge tuvo finalmente su gran revancha en la Argentina. Es que aunque hoy nadie lo quiera recordar, allá por los '90, Nirvana tocó en Buenos Aires, en el estadio de Vélez semivacío, con un Kurt Cobain que se negó a tocar su único hit conocido por entonces, «Smell Like Teen Spirit» debido a que el público había insultado al grupo de chicas telonero.

Con algunas excepciones, como la reseña publicada en este diario, casi todos los otros medios argentinos dijeron que el grupo y su show eran pésimos. Desde ahí, hasta este último fin de semana, el grunge se convirtió en un estilo que eludió los shows masivos en nuestro país.

Obviamente, la primera actuación de Pearl Jam en la Argentina fue un gran momento para los fans de la banda de Eddie Vedder, e incluso para los mismos miembros del grupo, que más allá de los piropos repetidos por todos los músicos extranjeros («son la mejor audiencia que hemos tenido», etc. etc.), de golpe se encontraron ante un raro fenómeno, un estadio entero colmado de gente que en un show de Pearl Jam, podía cantar la letra entera de «I believe in Miracles» de los Ramones.

No hacía falta ningún elogio hueco, bastaba ver la cara de Vedder al final del cover ramonero para entender que en ningún lugar del mundo puede tener un estadio lleno coreando como una sola persona ese homenaje «al año de la muerte de Johnny Ramone».

Pearl Jam
tiene un único problema cuando se lo escucha en un disco estudio. Aun sus mejores trabajos, como el mítico «Ten», incluye una falta de matices y estilos que lo pueden volver un tanto monocorde. En vivo el asunto funciona al revés, y esa falta de matices se convierte en un fascinante show de riff único, algo así como un único sonido que atrapa con largos riffs, solos largos e hipnóticos y un espontáneo fluir entre temas tan contundentes como «Even Flow», «Wishlist» y el demoledor «Jeremy», cantado por todo el estadio.

La voz de Vedder se mantuvo incolumne luego de más dos horas de concierto, mostrando su momento más alto hacia el final, con una soberbia interpretación de uno sus mejores temas, «Alive». Aunque el show fue largo, la gente seguía pidiendo más cuando los músicos de Pearl Jam dejaron el escenario totalmente exhaustos. Su concierto fue lo mejor que se vio por aquí en rock sucio y fuerte, por lo menos desde la visita de «Neil Young & Crazy Horse».

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