24 de agosto 2004 - 00:00

AMIA cumple 110 años: fiesta con incertidumbre

Luis Hartwig Brie peleó tan bien en Caseros -en 1861- que Justo José de Urquiza lo nombró capitán de su ejército y lo condecoró en el campo de batalla. Treinta y tres años después, el 22 de julio de 1894, se convertiría en el primer presidente de la «Jevrá Kedushá», que poco después tomaría el nombre de Asociación Mutual Israelita Argentina. El caso de este militar, nacido en Alemania, marca de algún modo el rol central que han tenido los judíos en la formación de la Nación.

Esa comunidad está hoy de fiesta, porque celebra los 110 años de la fundación de la AMIA, que nació como una sociedad para posibilitar los sepelios de los judíos según los ritos mosaicos, y que con el tiempo extendería su influencia a campos como la «tzedaká» (asistencia social), la educación, la cultura y la salud. El festejo, sin embargo, arrastra la sombra del décimo aniversario del atentado que destruyó su sede de Pasteur 633, y el inminente fallo (casi seguramente absolutorio para la mayoría de los acusados) en la causa de la «conexión local» del peor ataque terrorista de la historia argentina. De todos modos, AMIA reunirá hoy a sus socios en el Teatro Colón para ver bailar a Maximiliano Guerra, al grupo israelí Mayumana y aplaudir a los chicos y chicas de la red escolar judía que bailarán «rikudim» (danzas típicas) y cantarán.

• Inmigrantes

Abraham Kaúl, actual presidente de la entidad «madre» de la comunidad judía argentina, recuerda: «Los primeros inmigrantes judíos llegaron al país a cultivar el suelo; después, enviaron a sus hijos y sus nietos a las grandes ciudades en busca de una vida mejor, a través del estudio en las universidades. Por eso ayudamos a formar éste, nuestro país, como cualquier otra corriente inmigratoria».

Hoy, como la gran mayoría de los argentinos, los judíos atraviesan una dura etapa de crisis, que llegó a reducir a la indigencia a una cuarta parte de la comunidad. Esa cifra, de acuerdo con Kaúl, «se redujo a 15%, según nuestras estimaciones». AMIA, como reflejo de esa crisis, también estuvo a punto de naufragar: hace tres años acumulaba una deuda de u$s 22 millones, que pudo saldar gracias a la pesificación, los aportes de sus socios y la ayuda externa.

La entidad, que llegó a tener 33.000 socios, hoy apenas «araña» los 21.000. ¿Las razones? Igual que todas las ONG (clubes, asociaciones civiles, etc.), la AMIA vio reducirse su base de adherentes por la imposibilidad de éstos de hacer frente a la mensualidad. Pero también, por la caída en el número de judíos que viven en la Argentina. «Mire: hay muchas fantasías al respecto. El último censo en que se preguntó a la gente cuál era su religión fue el de 1960, y ahí había 500.000 judíos. Hace cinco meses el Joint (entidad benéfica internacional) hizo un estudio que arrojó una cifra de 330.000, de los cuales 200.000 participan activamente de la vida comunitaria». Las razones de esta disminución hay que buscarlas en dos factores principales: la asimilación y la emigración.

• Ataques

Igual que muchas otras entidades judías en todo el mundo, la AMIA sufrió ataques antisemitas, «pero salvo los dos atentados, que fueron obra del terrorismo internacional, han sido mucho menos graves y esporádicos que los que suceden en países supuestamente más desarrollados, como Francia, por ejemplo, o Europa en general, donde hace menos de 60 años sucedió la Shoá», dice el dirigente. «Ni la Argentina como país ni los argentinosson antisemitas. Pero también es cierto que la Iglesia Católica -que durante siglos motorizó el antijudaísmo-, con su cambio de postura, hizo que millones de fieles también lo hicieran.»

Y si bien el tema es ajeno a lo festivo de la fecha que la AMIA quiere resaltar, Kaúl admite la preocupación que hay en la comunidad judía por el fallo que se conocerá el 2 de setiembre. «Quienes son culpables deben ir presos; y quienes son inocentes, quedar en libertad. Y sólo los jueces, que tuvieron tres años y miles de testigos para evaluarlo, pueden decir quién es culpable y quién inocente. Pero esperamos que el juez Canicoba Corral y la Cancillería continúen investigando para encontrar a los responsables centrales del atentado.»

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