Un grupo de expertos del Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (IQUIBICEN, CONICET-UBA) publicó un paper en la revista Nature Neuroscience, con un posible tratamiento para contrarrestar las consecuencias del virus del Zika en el desarrollo del feto.
“Si bien al Zika se lo conoce desde los años ‘50, en África, aun no existe tratamiento ni cura. Pero nunca hubo un brote como el registrado en América en 2015, en apariencias provocado por las aglomeraciones de gente y los viajes suscitados a raíz del mundial de Brasil”, explicó la científica del CONICET, Cybele García, quien lidera el grupo de investigación.
Este grupo de investigación, focalizado en el área de inmunovirología, estudia cómo reaccionan las células del cuerpo ante una infección con flavivirus como el dengue, comenzó a trabajar en colaboración con Francisco Quintana, experto en enfermedades autoinmunes y neurodegenerativas, egresado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA quien trabaja en el Hospital de la Universidad de Harvard.
Cuando se registró este brote de Zika a mediados de 2014 y notaron cómo afectaba al sistema nervioso central de los fetos, se les ocurrió conectar sus dos especialidades en búsqueda de una solución. Cuando se registró este brote de Zika a mediados de 2014 y notaron cómo afectaba al sistema nervioso central de los fetos, se les ocurrió conectar sus dos especialidades en búsqueda de una solución.
Los científicos analizaron los perfiles genéticos de las células de personas infectadas y encontraron que una molécula se había disparado: el receptor de hidrocarburos de arilo (AHR).
“Los virus son parásitos y para multiplicarse requieren infectar una célula y toman todo lo necesario para completar su replicación. Logramos identificar que la molécula presente en las células hospedadoras llamada receptor de hidrocarburos de arilo o AHR, es explotada por Zika para favorecer su replicación”, explica Federico Giovannoni, becario posdoctoral del CONICET en el IQUIBICEN y primer autor también de este paper.
El paso siguiente fue buscar una terapia farmacológica para inhibir esta molécula y evitar así la replicación del virus.
“El resultado fue contundente: el tamaño de los cerebros de los ratones a los que se les inhibió el AHR, comparados con el tamaño de los que no recibieron el tratamiento, fue llamativo. En los ratones sometidos al tratamiento no se vieron rastros de microcefalia. Es decir que se mejoraron los efectos adversos provocados por el virus del Zika sobre el feto”, asegura García.
El objetivo, ahora, es lograr que este blanco de acción propuesto no solo sea para Zika, sino también para otras infecciones, como el dengue. “Aunque son resultados muy preliminares, ya hicimos algunos ensayos in vitro con dengue para inhibir AHR y vimos que también podría funcionar”, se esperanza García.
Giovannoni, por su parte, adelanta: “En el corto plazo, y dada la situación mundial debido a la pandemia causada por SARS-CoV-2, estamos trabajando en expandir nuestra investigación y evaluar a AHR como blanco de una terapia antiviral contra distintos coronavirus.