Néstor Kirchner y su esposa, ayer, junto a la periodista española Pilar Rahola, en el acto de
recordación del atentado a la sede de la AMIA ocurrido hace 13 años en la Capital Federal.
Ruptura de relaciones con Irán, asignación a Hizbollah de la categoría de grupo terrorista y proscripción en toda América latina; avances de la investigación más allá de la «conexión iraní»; que la fiscalía Nº 13 de Alberto Nisman «acelere los tiempos» para que se descubra la conexión local.
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En resumen, ésos fueron los reclamos que expresaron ante Néstor Kirchner y su gabinete un dirigente comunitario judío y uno de los familiares de los muertos en el atentado contra AMIA.
La primera frase que se escuchó desde el palco levantado en la esquina de Pasteur y Viamonte pareció presagiar una mañana complicada para Kirchner y su gente: el cantor que abrió el acto con un tema propio dijo -antes de empezar con la canción-: «A dos días del amigo, quiero recordar a todos los que eran amigos de Carlos Menem, pero que ahora parecen tener amnesia». Lo hizo mirando hacia donde estaba el Presidente, su esposa Cristina de Kirchner, su ministro del Interior, Alberto Fernández, y otros funcionarios del gobierno.
Sin embargo, y salvo el reiterado reclamo del presidente de AMIA, Luis Grynwald, respecto de la necesidad de cortar relaciones diplomáticas con Irán, el resto del acto se desarrolló sin sobresaltos ni imputaciones de mayor cuantía para el jefe del Ejecutivo.
Cosas positivas
De hecho, Sergio Burstein, quien cerró el día hablando en nombre de Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado contra la AMIA, dedicó un largo pasaje de su discurso a destacar «las cosas positivas, las que nos ayudan a seguir luchando; una de ellas es la actitud asumida por el Poder Ejecutivo, del que muchas veces fuimos críticos y volveremos a hacerlo si corresponde. Pero reconocemos que no vaciló en apoyar los pedidos de captura internacional sin cambiar una coma».
Burstein pareció olvidar que apenas un año antes su par Luis Czyzewski reclamó con dureza que el fiscal Alberto Nisman diera finalmente a conocer su dictamen culpando a ocho ex funcionarios iranés y a un libanés del peor atentado de la historia argentina, lo que a su vez le valió una réplica desmesurada de Kirchner. Por entonces, era un secreto a voces que el dictamen ya estaba listo y era el propio gobierno el que había «parado» su difusión. Seguramente por las mismas razones que Kirchner, tras decir ayer luego del acto que apoyaba todo lo dicho contra Irán, se negó de plano a admitir siquiera que estuviera bajo estudio la posibilidad de romper relaciones con la teocracia de Teherán. Cabe recordar que Grynwald ya había formulado el mismo reclamo durante el acto del 18 de julio del año pasado; desde entonces, pasaron otros doce meses sin novedades en la relación con Irán.
Gesto político
Y no parece que vayan a producirse, a pesar de que Kirchner hablará el 24 de setiembre frente a la Asamblea General de la ONU. La oportunidadpara un gesto político -a los que el mandatario es tan afecto- parece pintada: precederá en el uso de la palabra al presidente de Irán, Mahmoud Ahjmadinejad. ¿Se animará en el Palacio de Cristal de Nueva York a recordarle a su colega iraní que hay ocho pedidos de extradición (sólo cinco aceptados por Interpol) sobre ex funcionarios de su país, en relación con el peor ataque terrorista de la historia argentina? Quizás entonces, los encomios de Burstein a Kirchner podrán sonar más justificados que ayer.
Emoción
El discurso de Burstein terminó en un tono emocional que logró su propósito de conmover. Por primera vez, al orador por los familiares lo acompañó en el escenario un nutrido grupo de ellos, quizá para «blindarlo» de posibles iras presidenciales; finalmente -el mensaje parecía ser- como Fuenteovejuna, «yo hablo en nombre de todos nosotros».
El de Grynwald, en cambio, recorrió el camino inverso: comenzó con el recuerdo personal de varios de los 85 muertos y cerró exigiendo justicia. «La investigación nos debe todavía demasiadas respuestas a 13 años del atentado: queremos saber a quién le dio Telleldín la camioneta trafic que se utilizó como coche bomba; queremos saber cómo entraron al país los ejecutores del atentado; queremos saber quién los ayudó dentro del país, dónde estuvieron, con quién se relacionaron, cuál fue el origen de los explosivos y dónde se acondicionó la camioneta.» El dirigente aseguró que hay pruebas suficientes para saber que el miembro de Hizbollah Ibrahim Berro recibió « ayuda y alojamiento de algunos comerciantes de la Triple Frontera; esta pista no se agota en esa zona, sino que continúa en las mezquitas de Flores y Cañuelas».
Poco después de las once, todo había concluido. Olga, Juan y Mariana Degtiar se abrazaban y lloraban recordando a su hijo y hermano Cristian; algunos rabinos llevaban consuelo a otros familiares que veían cómo otro año más había pasado sin mucho más que promesas, palabras y (cada vez menos) esperanzas de que algún día dejarán de perseguir la justicia para encontrarla.
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