La baja de 46% en casos de secuestros extorsivos anunciada ayer por el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian, es un dato auspicioso y aporta un poco de calma a quienes viven en la provincia de Buenos Aires. También es positivo que esa disminución esté acompañada por registros que muestran que, al mismo tiempo, se redujo el número de delitos en general (11,15%) y de delitos graves (22%), entre ellos, homicidios y robos con armas. Pero ni Arslanian ni Felipe Solá deben considerar que es suficiente, que está todo hecho. En realidad, sin quitarle crédito a la gestión provincial, la merma en los índices delictivos responde también a que la comparación se realiza con 2003 o 2002, años en que los indicadores fueron escalofriantes, producto de la grave crisis social que sacudió al país desde diciembre de 2001.
Con esto, No fue el único indicador auspicioso. También, reforzando una tendencia que comenzó a perfilarse en 2003 -luego de los índices escalofriantes que mostró 2002- se registró una reducción en el índice general de delitos cometidos. En este caso, fue de
Un paneo de lo que dejó 2004 en materia de seguridad --o inseguridad-muestra lo siguiente: el secuestro, con final trágico, de
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