El padre Julio César Grassi, en la Fundación Felices Los Niños. Pese a la infamia, la obra sigue desarrollando tareas para proteger a los menores (arriba). María L. Santillán y F. Nieva Woodgate (abajo).
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Aunque evidentemente en ese departamento provincial muchos conocen las anomalías y hasta tropelías que se han concretado en este proceso, era previsible que nadie arriesgara y que -en el mejor de los casos- un tribunal de tres miembros valore toda la prueba y quizá disponga la inocencia. Y si no el Tribunal de Casación. Y si no la Suprema Corte de la provincia. Y si no la Corte Suprema de la Nación, pero no las instancias inferiores entrelazadas y comprometidas de Morón.
Es el largo calvario que como prueba a su fe le espera a este simple sacerdote, que sólo cometió un gran pecado: hizo la obra asistencial de chicos más importante del país, más valorada y respetada en el exterior que no era ni estatal ni de inspiración progresista. Pecado casi mortal en la Argentina de estos días.
La obra de Grassi es directamente una quijotada. En la provincia más rica y más grande de la Argentina, donde el Estado no tiene lugar suficiente para alojar a los chicos de la calle, ¿cómo va a venir un simple sacerdote a utilizar unas tierras públicas abandonadas, a erigir guarderías infantiles, escuelas primarias, politécnica, dormitorios para niños de la calle alojados, gabinetes de idioma y computación (en ex containers del puerto adaptados que le cedió el ex titular de la AFIP Carlos Silvani, tras incautarlos del contrabando) y hasta un minihospital? ¿Cómo tremenda osadía de la iniciativa privada y de una religión, que es el catolicismo pero pudo ser cualquiera, iba a extenderse a cinco provincias, inclusive con sede de esa Fundación en el barrio Chacarita en la Capital Federal? Además de recibir en donación la propia quinta privada del ex presidente Eduardo Duhalde para dar de comer y asistir a chicos carenciados o que el actual presidente Néstor Kirchner le facilitara la construcción de una casa asistencial similar en Santa Cruz?
Lo peor es que tremendo logro de la iniciativa privada y del esfuerzo individual sobre el estatismo por parte de un religioso (si no lo hubiera sido no lo habrían atacado así) se dio en el único distrito grande bonaerense manejado por el frepasismo con tendencia asistencial populista, aunque el actual intendente Martín Sabatella es un moderado muy querido en la zona y que ganó democráticamente por alto porcentaje.
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