El presidente y CEO de Skanska AB, Stuart Graham, estuvo ayer en la Argentina. Hubo una reunión reservadísima con la cúpula local y unos 200 empleados. Preocupa a la empresa sueca la dimensión que está adquiriendo el caso en los tribunales porteños y, además, inquieta que el affaire perjudi que negocios que la constructora tiene previsto desplegar en otras regiones del mundo. En Europa, un competidor puede pedir que Skanska se retire de un negocio hasta que aclare el caso de corrupción en el que está envuelto en la Argentina. En definitiva, temen que Skanska quede como «marca registrada» en este tipo de escándalo.
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El encuentro se realizó en el Salón Pampa del Sheraton del barrio de Retiro. La elección fue adecuada. El complejo tiene un diseño arquitectónico que guarda la mayor de las discreciones, especial para estas circunstancias.
La presencia del presidente del grupo fue avisada a los dos jueces que cargan con este expediente: Guillermo Montenegro (investiga coimas) y Javier López Biscayart (persigue la evasión tributaria). A ninguno le interesó convocarlo, por lo menos en esta instancia.
Graham les había dicho a los suyos que quería reunirse con los magistrados, pero aquí le explicaron que no podía mantener ese tipo de contacto informal. Sólo podía verse con los jueces si se presentaba a declarar en forma espontánea.
Hubo mitin con representantes de varias cámaras y con embajadores que tienen sus representaciones diplomáticas en territorio porteño. Sin embargo, no hubo ningún acercamiento al gobierno. Al menos, es lo que trascendió.
«Vino con la intención de explicar la posición de la compañía y a dar un respaldo a la gestión de Hernán Morano», timonel de la empresa en Latinoamérica y la Argentina.
Historia
Cuando estalló el escándalo de los sobornos, la constructora sueca anunció su retiro de la obra pública en el país, pero después desistió y confirmó que participaría de esas inversiones.
Skanska tiene 120 años de historia, es una de las mayores empresas del mundo y opera en decenas de países; lo hace sola o asociada con firmas locales. Para entrar en el mercado local compró SADE, un desprendimiento de la constructora del grupo Pérez Companc.
Graham estudió en el Holy Cross College y se licenció en Economía. Posee un doctorado -honoris causa- por la Universidad de Praga. Comenzó su carrera como profesional en la compañía de construcciones Sardoni, adquirida por Skanska a principios de la década del 90.
En setiembre de 2002 fue nombrado presidente y CEO (Chief Executive Officer) de Skanska AB con sede en Estocolmo.
En la Argentina el rostro de este hombre de 61 años es poco conocido. Sin embargo, su nombre apareció mencionado en una declaración que realizó José Alonso, el ex director financiero de Skanska en Latinoamérica que fue despedido por la empresa cuando se disparó el caso de las coimas.
Alonso le dijo al juez que fue el único que se opuso al pago de «comisiones indebidas» por la construcción de los gasoductos Norte y Sur.
«Fui el único en el directorio que activamente se opuso a aceptar la extorsión de las personas directamente o indirectamente involucradas en el tema y a pagarles más de u$s 4,6 millones por su silencio en un peligroso procedimiento legal».
En una declaración sostuvo que comunicó de esas irregularidades a la cúpula sueca, en Estocolmo, y que terminó despedido. Mencionó como sus interlocutores a Stuart Graham, Tomas Alm y Hans Biorck.
Ante el magistrado, se quejó porque respetó el código de ética de la empresa y se quedó sin trabajo.
Prohibición
El código de conducta de Skanska es un documento interno que enfatiza que «la corrupción y las coimas» son elementos que «distorsionan los mercados y frenan el crecimiento económico, social y democrático. Skanska se compromete a evitar esas prácticas».
Esa «biblia» de la empresa prohíbe a sus empleados quebrar las leyes de competencia, ofrecer o dar «cualquier pago indebido o cualquier beneficio a cualquier persona o entidadcon el propósito de inducira esa persona o entidad a cometer un acto contrario a sus deberes explícitos, para obtener o mantener un negocio para Skanska».
Desde la compañía se aseguraque fue Graham uno de los que motorizó este código y la formación de un comité de políticas y prácticas anticorrupción en la obra pública.
Graham fue también quien decidió la expulsión de los encargados de la filial argentina sospechados de corrupción. El primero en ser desplazado fue Mario Piantoni y luego le tocó a Gustavo Vago. El primero ampliará hoy su declaración indagatoria; el otro fue procesado por evasión agravada.
Skanska se defiende afirmando que la compañía se presentó ante la AFIP por esta causa de facturas falsas que se presumen utilizadas para pagar coimas y reconoció unos 15 millones de pesos en pagos.
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