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Una derivación cada vez más insólita, en términos jurídicos, de la aprobación del Senado que le concedería al gremio bancario más de 300 millones de pesos. Si bien en todo este proceso hubo en apariencia mucho más humo que fuego, lo cierto es que el escándalo parecía una pantalla para que en Diputados se avalara la media sanción de la Cámara alta. Pero Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna se han mostrado fuertes para contener esa jugada sindical en el Congreso. Nada pueden hacer en cambio, se supone, por los coletazos o complicaciones a banqueros en el ámbito de Tribunales.
Como justificaba con dolor uno de ellos el fin de semana: el criticado general Hugo Chávez, en Venezuela, acusó a los bancos por hacer fugar capitales, pero jamás se le ocurrió imputarle «traición a la patria» como sí hicieron algunos legisladores argentinos. Lo curioso es que en la Argentina muchos critican a Chávez por su avance creciente sobre la actividad privada. Esos insultos locales, más el default, la pesificación, la devaluación o la primera ley de quiebras, fuerzan a que cualquier extranjero ya empiece a sospechar de la tranquilidad en el país.
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